Según la reseña histórica familiar, la capilla fue construida en 1924 por iniciativa de Bartolo Macagno, quien años antes había sufrido difteria, una enfermedad bacteriana grave que afecta principalmente la garganta.
Ante aquella situación, recurrió a la fe y pidió la intercesión de San Blas, considerado protector de la garganta, para superar la enfermedad.
Si recibía la gracia solicitada, prometió construir una capilla en honor al santo.
La recuperación llegó, pero la promesa quedó pendiente durante un tiempo. Mientras tanto, Bartolo continuó trabajando y desarrollando su actividad rural hasta lograr una posición que le permitiera concretar aquel compromiso.
Finalmente, en 1924, en un sector de su propio campo, se terminó de construir la capilla San Blas.
El 24 de mayo de 1924, el sacerdote Calixto celebró la primera misa en el lugar. Aquel día marcó el inicio de una historia que se prolongaría durante generaciones.
Desde entonces, la capilla quedó vinculada con la devoción a San Blas y con una tradición que reúne cada año a familiares, descendientes y fieles.
El 3 de febrero, fecha en la que la Iglesia recuerda a San Blas, se celebra la misa en su honor. Los asistentes concurren para rezar, pedir la protección del santo y recibir la tradicional bendición de las gargantas.
Después de la celebración religiosa, la jornada suele continuar con un almuerzo familiar, una costumbre que se mantiene como parte del encuentro anual.
Bartolo Macagno falleció el 22 de enero de 1952, pero la capilla que impulsó como cumplimiento de una promesa continuó en pie.
Sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos mantuvieron la tradición familiar y la celebración religiosa, sosteniendo el vínculo entre las nuevas generaciones y la historia de sus antepasados.
La capilla constituye así un testimonio de la fe de su fundador, pero también del esfuerzo de una familia que procuró conservar el lugar a lo largo del tiempo.
Al cumplir sus primeros 100 años, en 2024, la capilla San Blas reafirmó su lugar como referencia de la zona rural de Hernando.
Su historia reúne elementos que se transmiten de generación en generación: una enfermedad, una promesa, la construcción de un templo y una celebración que se repite cada 3 de febrero.
En la actualidad, el lugar continúa siendo cuidado y conserva su función como espacio de encuentro religioso y familiar.
La historia de la capilla también se relaciona con la reciente concreción de la ermita de San Blas en el barrio homónimo de Hernando, impulsada por Mafalda Sitto en memoria de su esposo, Antonio Macagno, y de su hijo, el teniente Richard Macagno.
Aunque se trata de espacios diferentes, ambos expresan la continuidad de una devoción que forma parte de la historia de la familia y de la comunidad.



