El fenómeno de El Niño volvió a ocupar un lugar central en la agenda del sector agropecuario de Tercero Arriba. La expectativa está puesta en qué cantidad de agua puede recibir la región durante los próximos meses, cómo se distribuirán las precipitaciones y, fundamentalmente, de qué manera esas condiciones pueden repercutir sobre los cultivos.
La discusión no se limita solamente a cuánto va a llover.
Para una zona como Hernando, que durante años enfrentó problemas vinculados con excesos hídricos e inundaciones, el desafío pasa también por cómo aprovechar el agua cuando es beneficiosa y cómo manejarla cuando llega en exceso.
Ese fue uno de los ejes de la charla brindada por los ingenieros agrónomos Tomás Kember y Eliana Leonor Blanco, integrantes de la Bolsa de Cereales de Córdoba, en Marasi.
El encuentro fue organizado por la Municipalidad de Hernando como actividad previa a la Fiesta Nacional del Maní y permitió abordar el fenómeno desde una mirada específicamente vinculada con la producción agrícola regional.
Ante las diferentes versiones que circulan sobre la intensidad del fenómeno, Kember explicó que, técnicamente, El Niño está declarado desde julio.
La determinación responde a parámetros meteorológicos y oceánicos que permiten establecer que las condiciones características del fenómeno están presentes.
Sin embargo, aclaró que existe cierta confusión alrededor de expresiones como "Niño fuerte" o "super Niño".
Según explicó, hablar de una mayor intensidad no permite traducir automáticamente ese dato en una determinada cantidad de milímetros para una región específica.
Es decir, un Niño considerado fuerte no significa necesariamente que en Tercero Arriba vaya a llover una cantidad determinada ni que se produzcan eventos extremos.
La intensidad permite establecer con mayor certeza la presencia y el comportamiento general del fenómeno, pero los efectos concretos dependen de cada región y de la circulación atmosférica que se presente durante la campaña.
Este punto resulta particularmente importante para interpretar lo que puede suceder en Hernando.
Los especialistas explicaron que el impacto de El Niño dentro de Córdoba es más marcado hacia el este de la provincia.
Tercero Arriba se encuentra en una zona donde también pueden registrarse anomalías positivas de precipitaciones, pero no necesariamente con la misma magnitud que en otras regiones más orientales del país.
Por eso, trasladar directamente los pronósticos generales de El Niño a la realidad de Hernando puede conducir a conclusiones equivocadas.
La región tiene sus propias características y una marcada variabilidad espacial.
Para explicar qué podría ocurrir, Kember y Blanco recurrieron a los antecedentes de otros episodios del fenómeno.
Entre las campañas analizadas aparecen 2015/16, 2018/19 y 2023/24, períodos en los que se registraron diferentes intensidades de El Niño.
En términos generales, esos episodios estuvieron acompañados por precipitaciones superiores a las habituales en la región.
Para Tercero Arriba, los profesionales ubicaron el promedio de precipitaciones de primavera-verano en aproximadamente 330 a 350 milímetros.
Durante anteriores períodos de El Niño, en cambio, se observaron acumulados que rondaron entre 400 y 450 milímetros.
Pero inmediatamente apareció una aclaración fundamental:
no solamente importa cuánto llueve, sino cómo se distribuye esa lluvia.
El acumulado de una campaña puede esconder situaciones completamente diferentes.
Una lluvia de 200 milímetros concentrada en un corto período puede provocar anegamientos, dificultades para ingresar a los lotes y pérdidas productivas, mientras que una precipitación similar distribuida durante varias semanas puede convertirse en una reserva de humedad fundamental para los cultivos.
Los profesionales remarcaron justamente esa diferencia.
El comportamiento de las lluvias, los períodos sin precipitaciones y la aparición de olas de calor pueden terminar siendo tan importantes como el acumulado final.
Por eso, un escenario de El Niño no elimina la posibilidad de temperaturas elevadas ni de períodos secos dentro de la misma campaña.
En el análisis de los profesionales apareció una mirada que suele quedar relegada cuando se habla de El Niño: el fenómeno también puede representar una oportunidad para el sector productivo.
Si el agua llega en momentos adecuados y los suelos tienen capacidad para almacenarla, las mayores precipitaciones pueden favorecer el desarrollo de los cultivos y mejorar las condiciones para la campaña estival.
La clave está en llegar a ese escenario con los campos preparados.
En ese sentido, la sistematización de los establecimientos, el cuidado de los suelos y las prácticas destinadas a favorecer la infiltración y retención del agua aparecen como herramientas fundamentales.
La misma práctica que permite aprovechar mejor el agua puede contribuir, además, a disminuir los riesgos derivados de los excesos.
El manejo del agua tiene así una doble función.
Por un lado, permite conservar humedad para los cultivos.
Por otro, puede contribuir a atenuar los efectos de las lluvias excesivas, especialmente en una región que conoce las consecuencias de los anegamientos.
En Hernando, donde históricamente las inundaciones generaron preocupación, este punto adquiere una relevancia particular.
La planificación del establecimiento, el manejo del suelo y las obras de sistematización dejan de ser solamente cuestiones productivas para convertirse también en herramientas de prevención.
Al pasar de la cuestión climática a las perspectivas agrícolas, los profesionales de la Bolsa de Cereales de Córdoba adelantaron las primeras estimaciones para la campaña estival 2026/27.
Dentro de Tercero Arriba, la soja aparece como el cultivo que podría incrementar su superficie respecto de la campaña anterior.
En cambio, otros cultivos presentarían una reducción en el área implantada.
Se trata todavía de primeras estimaciones y, por lo tanto, pueden modificarse a medida que avance la campaña y se conozcan las decisiones definitivas de los productores.
El clima, los precios, los costos, las condiciones de humedad y las posibilidades de cada establecimiento serán algunos de los factores que terminarán definiendo la superficie final.
En el caso del trigo, la Bolsa de Cereales registra para Tercero Arriba aproximadamente 71.000 hectáreas sembradas durante la campaña 2026/27.
La cifra representa una disminución respecto de la campaña anterior, cuando se habían implantado alrededor de 75.000 hectáreas.
Es decir, la superficie se redujo en aproximadamente 4.000 hectáreas.
En cuanto a los rendimientos, las primeras estimaciones ubican el resultado por debajo del promedio histórico de la región.
Pero aquí también los profesionales fueron cautelosos.
El cultivo se encuentra todavía atravesando una etapa crítica y las estimaciones de rendimiento son preliminares. Por lo tanto, no pueden considerarse todavía como un resultado definitivo de la campaña.
Respecto del maíz, los datos analizados durante la charla también muestran una producción inferior a la de la campaña anterior.
El dato forma parte del balance de una campaña que tuvo comportamientos diferentes según el cultivo y el momento en que se produjeron las lluvias.
Y allí apareció nuevamente un concepto que atraviesa toda la producción regional:
el problema no siempre está en producir el cultivo, sino también en poder ingresar al lote y levantarlo en el momento adecuado.
En el caso del maní, la situación tuvo una particularidad para una región que tiene a este cultivo como una de sus principales actividades productivas.
Los especialistas señalaron que la campaña fue considerada muy buena en cuanto al potencial y a los rendimientos, pero las condiciones climáticas complicaron el momento de la cosecha.
El desafío estuvo en arrancar, levantar y posteriormente lograr el secado adecuado.
Las lluvias generaron demoras que afectaron el ingreso a los lotes y extendieron los tiempos de cosecha.
El episodio sirve para demostrar por qué, en una campaña influenciada por El Niño, el análisis no puede limitarse a la cantidad de milímetros acumulados.
Una lluvia puede ser beneficiosa para el cultivo en una determinada etapa y convertirse en un problema cuando llega en el momento de la cosecha.
Otro de los aspectos destacados durante la charla fue la enorme variabilidad de las precipitaciones dentro de Tercero Arriba.
La región abarca una superficie agrícola muy importante y, dentro de distancias relativamente pequeñas, pueden producirse diferencias significativas en los registros de lluvia.
Los profesionales mencionaron como ejemplo dos estaciones meteorológicas separadas por aproximadamente 10 kilómetros en línea recta.
En determinados eventos se llegaron a registrar diferencias del orden de 50 milímetros en una estación contra apenas 10 milímetros en la otra.
La diferencia es considerable y tiene una consecuencia concreta: dos campos relativamente cercanos pueden atravesar condiciones productivas completamente diferentes durante una misma tormenta.
La ubicación de Tercero Arriba ayuda a explicar ese comportamiento.
Los profesionales señalaron que la región se encuentra próxima a las sierras y en una zona donde confluyen diferentes masas de aire.
Cuando un frente frío interactúa con masas de aire húmedo, sumado a la influencia de las sierras, pueden generarse condiciones que favorecen una distribución muy irregular de las precipitaciones.
Por eso, los datos de una estación meteorológica no necesariamente representan lo que ocurrió en todo el departamento.
Y esta característica adquiere todavía mayor importancia cuando se toman decisiones agrícolas.
Frente a un escenario de mayor disponibilidad de agua, el cuidado del suelo vuelve a aparecer como una de las herramientas centrales.
La rotación de cultivos fue mencionada como una de las prácticas que tienen mayor importancia dentro del manejo productivo.
También resulta fundamental mantener la estructura y capacidad de infiltración del suelo para que el agua pueda ser aprovechada y no termine generando escorrentías y excesos.
Los especialistas reconocieron que existe trabajo de los productores de la región en ese sentido, aunque las prácticas y decisiones varían de acuerdo con cada establecimiento.
El Niño tampoco significa que desaparezcan las olas de calor.
Los especialistas explicaron que un Niño más marcado puede modificar el comportamiento habitual de las temperaturas, con mayor cantidad de días nublados, húmedos y con precipitaciones.
Eso puede generar períodos con temperaturas inferiores a las normales para determinados momentos del verano.
Pero eso no significa que la región quede exenta de las olas de calor.
El comportamiento de las temperaturas seguirá dependiendo de la evolución particular de cada período y de las condiciones atmosféricas que acompañen al fenómeno.
En el cierre de la charla apareció una cuestión especialmente vinculada con Hernando.
La localidad y su zona rural tienen antecedentes de inundaciones que durante años generaron preocupación entre vecinos y productores.
Aunque las obras y los cambios en el manejo de los campos modificaron en parte aquel escenario, el temor permanece cada vez que se anuncia un período con mayores precipitaciones.
Frente a esa situación, los especialistas recomendaron no anticiparse a escenarios extremos a partir de versiones o pronósticos generales.
La herramienta principal debe ser el seguimiento de la información oficial.
El mensaje para la comunidad fue recurrir a los organismos oficiales, los sistemas de alerta y los pronósticos de corto plazo.
Los profesionales destacaron que tanto el Servicio Meteorológico Nacional como los organismos vinculados con Defensa Civil han mejorado sus sistemas de seguimiento y comunicación de alertas.
La recomendación es concreta: ante situaciones meteorológicas adversas, seguir las instrucciones oficiales y evitar tomar decisiones basadas solamente en información informal o en pronósticos de largo plazo.
Si existe una palabra que resume el mensaje de los profesionales de la Bolsa de Cereales de Córdoba frente al escenario que plantea El Niño, es planificar.
Planificar la campaña.
Planificar el manejo del agua.
Planificar la rotación de cultivos.
Planificar las tareas agrícolas teniendo en cuenta los pronósticos de corto plazo.
Y, fundamentalmente, preparar los establecimientos tanto para aprovechar el agua como para enfrentar eventuales excesos.
Porque El Niño no representa solamente una amenaza ni tampoco garantiza una campaña extraordinaria.
Es un fenómeno que modifica las probabilidades climáticas y que puede generar oportunidades para la producción cuando las precipitaciones llegan en cantidad y momento adecuados.
La conclusión que dejó la charla realizada en Marasi es que Tercero Arriba enfrenta el nuevo escenario climático desde una posición particular.
Es una región agrícola de enorme importancia, con una fuerte presencia de soja, maíz, trigo y, especialmente, maní, pero también es una zona donde la lluvia puede presentar una variabilidad muy marcada incluso entre campos ubicados a pocos kilómetros de distancia.
Los antecedentes de anteriores períodos de El Niño muestran que pueden registrarse acumulados superiores a los normales, pero también demuestran que el dato decisivo no es solamente la cantidad total de milímetros.
La distribución de las lluvias, el momento en que ocurren, la capacidad de los suelos para absorberlas y las condiciones posteriores determinarán buena parte del resultado productivo.
Por eso, ante un Niño que ya está declarado y frente a una campaña 2026/27 que comienza a mostrar sus primeras tendencias, el desafío para productores y comunidad será aprovechar el agua cuando llegue, reducir los riesgos cuando sea excesiva y tomar decisiones con información actualizada.
En una región acostumbrada a mirar al cielo antes de cada campaña, esta vez la recomendación de los especialistas es clara:
más que adivinar cuánto va a llover, hay que estar preparados para manejar el agua que finalmente llegue.
PARA ESCUCHAR LA ENTREVISTA, HACER CLIC:
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