Fue parte de la Escuela Bernardino Rivadavia y se desempeñó como directora del nivel medio del Instituto Pablo Antonio Pizzurno. También enseñó en distintas escuelas y fue profesora de inglés en el Instituto Santísima Trinidad, donde muchos de sus alumnos la recuerdan por su vocación y su particular manera de vincularse con ellos.
Las generaciones que pasaron por sus clases conservaron ese trato cercano que trascendía el paso del tiempo. Incluso muchos años después de haber dejado las aulas, quienes se cruzaban con ella seguían llamándola «señorita», «profe» o «teacher», expresiones que daban cuenta de un vínculo que permanecía intacto.
La educación fue uno de los ejes centrales de su vida, pero su participación no se limitó al ámbito escolar.
Entre 2015 y 2019 fue concejala municipal de Hernando. Durante ese período, donó sus haberes, una decisión que formó parte de su manera de entender la función pública y el compromiso con la comunidad.
Su paso por el Concejo Deliberante se sumó así a una trayectoria en la que la participación y la defensa de sus convicciones ocuparon un lugar importante.
Lejos de retirarse de la vida pública al finalizar su carrera docente, Estela continuó vinculada a las cuestiones educativas y, especialmente, a los reclamos del sector.
Como integrante de un grupo de docentes jubiladas, participó activamente en las gestiones contra el denominado «descuento solidario» aplicado a sus haberes previsionales, una medida que consideraba injusta.
Mantuvo ese reclamo hasta sus últimos años, siguiendo de cerca las gestiones y expresando sus posiciones con firmeza. Su participación también se extendía a las redes sociales, donde compartía opiniones, sostenía sus planteos y mantenía contacto con personas de distintos puntos de la provincia y del país.
Quienes la conocieron destacan esa combinación que la caracterizaba: una profunda convicción sobre el valor de la educación, el respeto como principio y una firmeza que no abandonaba cuando entendía que debía defender una causa.
Estela también fue una mujer de familia, amistades, encuentros y conversaciones. Mantuvo una vida activa hasta una etapa avanzada de su edad y continuó movilizándose por sus propios medios hasta que una caída afectó su salud.
Su presencia cotidiana, sus intercambios y su actividad en Facebook formaban parte de una manera de permanecer conectada con los demás. Era habitual encontrarla en grupos de amigos, en una charla de café o en algún encuentro casual, donde se acercaba, saludaba y compartía unas palabras antes de continuar su camino.
Su fallecimiento deja el recuerdo de una mujer que no pasó desapercibida. Para sus antiguos alumnos será la docente a la que siguieron llamando «profe» o «teacher» mucho después de las clases; para sus colegas, una compañera que continuó defendiendo los derechos del sector; y para Hernando, una vecina que combinó su vocación educativa con la participación en la vida pública.
Estela Bossio de Navazotti deja una historia atravesada por la enseñanza, las convicciones y los afectos. Una vida dedicada a formar generaciones y a sostener, hasta el final, aquello en lo que creía.
Su ausencia se hará sentir, pero permanecerán las enseñanzas, las amistades y la huella que dejó en quienes compartieron con ella algún tramo del camino.




