Uno de los datos más destacados del trabajo surge de la pregunta: “¿Creés que tus padres deben ponerte límites?”.
En 2026, el 87% respondió que sí, el 12% contestó que no y el 1% no respondió.
Al comparar esos resultados con los de 2006, cuando el 74% consideraba que sus padres debían establecer límites y el 26% respondía negativamente, se observa un incremento de 13 puntos porcentuales en la primera respuesta.
La conclusión de los estudiantes es que la hipótesis original, según la cual los adolescentes esperan que sus padres les pongan límites, continúa siendo válida y que esa expectativa tiene hoy mayor presencia que hace dos décadas.
El dato invita a revisar una idea extendida sobre la adolescencia: el deseo de autonomía no necesariamente implica rechazar toda forma de autoridad adulta. En las respuestas recogidas por los estudiantes, una amplia mayoría reconoce la importancia de que los padres establezcan límites.
La investigación también indagó en qué conductas los adolescentes consideran necesaria la regulación por parte de sus padres.
Entre los resultados de 2026, el consumo de drogas aparece con el 24% de las respuestas y el consumo de bebidas alcohólicas con el 23%. El uso de pertenencias representa el 17% y las salidas, el 11%.
El gráfico también incluye el tiempo de uso del celular, la elección de actividades extraescolares, la elección de amistades o pareja, las apuestas en línea y las conversaciones sobre valores familiares, entre otras opciones.
Al comparar las respuestas relacionadas con el consumo de drogas, alcohol y tabaco, los autores del trabajo destacan una relativa estabilidad: esas conductas representan en conjunto el 64% de las respuestas de 2026, frente al 59% de 2006.
Se trata de situaciones que los propios estudiantes identifican como riesgosas y en las que consideran importante la intervención de sus padres.
La comparación muestra que, pese a los cambios tecnológicos y culturales producidos durante veinte años, la preocupación por determinadas conductas de riesgo continúa ocupando un lugar central.
La investigación no se limitó a preguntar por las reglas familiares. También buscó conocer qué esperan los adolescentes de sus padres en esta etapa de la vida.
En 2026, la respuesta más elegida fue “que confíen en mí”, con el 30,9%. En segundo lugar apareció “que me acompañen”, con el 28,3%, seguida por “que me comprendan”, con el 20,3%.
Otras respuestas fueron la expectativa de ser respetados y no juzgados de manera anticipada, con el 9,3%, y el deseo de que los adolescentes puedan ser adolescentes y los adultos actúen como adultos, con el 5,1%.
En menor proporción aparecieron la expectativa de que se mantengan distanciados, con el 3,2%; que les den cosas materiales, con el 1,6%; y otras respuestas, con el 1,3%.
Para los estudiantes, estos resultados corroboran la hipótesis de que los adolescentes esperan presencia afectiva de sus padres, una conclusión que también había surgido del estudio de 2006.
La confianza, el acompañamiento, la comprensión y el respeto aparecen así entre las principales demandas. No se trata solamente de que los adultos establezcan reglas, sino también de que estén presentes, escuchen y acompañen el crecimiento de sus hijos.
Otro apartado del trabajo analizó cómo describen los adolescentes el vínculo cotidiano con sus padres.
Ante la pregunta “En general, ¿cómo te llevás con tus padres?”, el 49% respondió que no tiene problemas ni dificultades. Un 42% manifestó que existen problemas, pero que logran llegar a acuerdos. El 7% señaló que tiene problemas siempre, mientras que el resto no respondió o eligió otra opción.
La comparación con 2006 muestra que el porcentaje de adolescentes que afirma no tener problemas con sus padres se mantuvo en el 49%.
En cambio, quienes manifestaron tener dificultades, pero lograr acuerdos, representaban el 47% en 2006 y el 42% en 2026.
Los resultados permiten observar que, en ambos períodos, una proporción importante de adolescentes describe relaciones familiares sin conflictos significativos o con capacidad para resolver las diferencias mediante acuerdos.
Sin embargo, el trabajo también registra situaciones de mayor dificultad, lo que pone de manifiesto la diversidad de experiencias familiares que conviven en una misma comunidad.
La investigación incluyó una pregunta destinada a conocer qué podría hacerse para fortalecer la relación entre adolescentes y padres.
Entre las respuestas que involucran a ambos, la confianza mutua fue la propuesta más mencionada, con 18 respuestas. Le siguieron pasar más tiempo juntos, con 12, y promover el diálogo y la comprensión, con 10.
Cuando las propuestas se centraron exclusivamente en los adultos, 20 respuestas señalaron que los padres deberían confiar más; 14 pidieron que no juzguen y 10 reclamaron mayor atención.
Por su parte, entre las propuestas centradas en los adolescentes aparecieron portarse bien y hacer caso, con cinco respuestas, y ser más responsables, con cuatro.
También se mencionaron factores externos que pueden dificultar las relaciones, como los problemas de convivencia en el hogar y las cuestiones económicas. Un grupo de participantes no supo o no contestó qué podría hacerse para mejorar el vínculo.
Las respuestas muestran que la búsqueda de una mejor relación familiar no recae únicamente en una de las partes: aparecen pedidos de mayor confianza y atención hacia los adultos, pero también compromisos vinculados con la responsabilidad de los propios adolescentes.
El trabajo de los estudiantes del Instituto La Santísima Trinidad se destaca por recuperar una investigación realizada en 2006 y volver a formular preguntas similares veinte años después.
La metodología fue cuantitativa y descriptiva, mediante encuestas semiestructuradas autoadministradas, con preguntas abiertas y cerradas. El proyecto también contempló el consentimiento informado, la confidencialidad, la participación voluntaria y el uso responsable de la información.
La comparación permite reconocer continuidades en las expectativas afectivas y en la forma en que los adolescentes describen sus vínculos familiares, junto con un aumento en la proporción de quienes consideran necesarios los límites parentales.
La principal conclusión que surge del estudio es que los adolescentes de Hernando no plantean únicamente una demanda de libertad. También expresan la necesidad de contar con adultos que confíen en ellos, los acompañen, los comprendan y establezcan límites.
A veinte años de distancia, el trabajo vuelve a poner sobre la mesa una cuestión central para las familias: acompañar la adolescencia supone encontrar un equilibrio entre autonomía, afecto, responsabilidad y reglas claras.




