Malena está finalizando la Licenciatura en Antropología y se encuentra trabajando junto al Equipo Argentino de Antropología Forense en las tareas que se desarrollan en La Perla, en el sector conocido como Loma del Torito.
Su participación surgió a partir de una convocatoria del Servicio de Antropología Forense del Instituto de Medicina Forense, dependiente del Poder Judicial de Córdoba. Allí realiza un curso de formación en Antropología Forense, en el que adquiere conocimientos teóricos y prácticos vinculados con su trayectoria universitaria, sus seminarios y su participación en equipos de investigación.
Ese recorrido fue el que permitió que la convocaran para formar parte del trabajo.
La experiencia tiene para ella un significado especial. Cuando recibió la remera del Equipo Argentino de Antropología Forense, la emoción fue difícil de contener.
“Me dieron hasta ganas de llorar. Decir: finalmente, después de todo el camino recorrido, tener esa remera puesta y salir en las fotos portándola fue muy emocionante”, contó.
Lo que alguna vez había imaginado al leer aquella noticia se convirtió en una experiencia concreta, en contacto con profesionales dedicados a una tarea de enorme importancia histórica y humanitaria.
La investigación que se desarrolla en Loma del Torito reúne a profesionales de distintas disciplinas e instituciones. Según explicó Malena, el trabajo se encuentra bajo la órbita del Juzgado Federal N.º 3 e involucra al Equipo Argentino de Antropología Forense, la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad Nacional de Río Cuarto y especialistas de distintas áreas.
Las tareas comprenden desde el hallazgo y la recuperación de restos óseos en el terreno hasta los análisis de laboratorio y los estudios genéticos que pueden contribuir a la identificación de las personas.
Se trata de un proceso que demanda conocimientos técnicos, investigación, coordinación y rigurosidad científica.
Para Malena, además, implica una responsabilidad humana que va mucho más allá de los procedimientos profesionales.
Las jornadas de trabajo son intensas. El viento, el sol, el frío y la llovizna forman parte de las condiciones que deben afrontar quienes participan de las tareas en el terreno.
Sin embargo, Malena asegura que la satisfacción de poder contribuir a la identificación de personas desaparecidas hace que las dificultades pasen a un segundo plano.
“Las adversidades o el cansancio no son nada comparado con la satisfacción de poder participar en esto y contribuir a las identificaciones de las personas desaparecidas”, expresó.
La joven reconoce que el camino no siempre fue sencillo. Cuando todavía estaba en el secundario y contaba que quería estudiar Antropología, algunas personas le sugerían que considerara otra carrera que le ofreciera mejores perspectivas económicas.
Pero la decisión estaba tomada. Desde el ingreso a la universidad, su objetivo fue especializarse en Antropología Forense y encontrar la oportunidad de trabajar en investigaciones vinculadas con las personas desaparecidas.
En ese recorrido participó también de equipos de investigación en bioarqueología y de actividades de campo que le permitieron incorporar técnicas y métodos de trabajo.
Uno de los aspectos que más destaca Malena de su formación es la dimensión ética de la profesión. Trabajar con restos humanos exige comprender que detrás de cada hallazgo hubo una persona, una historia y, muchas veces, una familia que todavía busca respuestas.
Durante la carrera participó en prácticas de exhumación en cementerios, experiencias que también forman parte de su investigación académica.
Su tesis de licenciatura aborda precisamente esas exhumaciones desde una perspectiva etnográfica, con especial atención a las familias que participan de ellas y a los estudiantes que intervienen en el trabajo.
El objetivo es analizar cómo se preparan unos y otros para ese momento, cómo interactúan durante la exhumación y qué sentimientos y emociones aparecen en una experiencia que no suele formar parte de la vida cotidiana.
Malena observa que, para muchas familias, el velorio representa el último momento de despedida de un ser querido. Sin embargo, las exhumaciones pueden ofrecer la posibilidad de volver a encontrarse con sus restos, aunque ahora sean solamente huesos.
Las experiencias no son iguales para todos. Algunas familias pueden encontrar una forma de cierre, mientras que otras atraviesan el proceso con profundo dolor.
“Es una cuestión humanitaria que involucra a toda la sociedad en su conjunto, no solamente a las familias que han perdido un ser querido”, reflexionó.
El Equipo Argentino de Antropología Forense tiene una trayectoria reconocida internacionalmente por su participación en investigaciones vinculadas con desapariciones forzadas y otros contextos de violencia. Su trabajo también ha contribuido a procesos de identificación de soldados argentinos caídos en la guerra de Malvinas.
Para Malena, formar parte de una experiencia de estas características representa un doble orgullo: la posibilidad de trabajar en el campo que eligió y la oportunidad de contribuir a una causa que considera profundamente humana.
Sobre la continuidad de las tareas en Loma del Torito, aclaró que no cuenta con información suficiente para precisar cuánto trabajo resta ni cuándo podrían concluir. Esas decisiones dependen de las autoridades judiciales responsables de la investigación.
Mientras tanto, continúa con su formación y con la escritura de los últimos capítulos de su tesis, todavía sin una fecha definida para la presentación.
Cuando repasa el camino recorrido, Malena considera que la Antropología no solamente le brindó herramientas profesionales, sino también una manera de comprender mejor a las personas y a la sociedad.
“Lo más importante es que nos enseñe a ver que hay un otro que piensa distinto a mí, y que no necesito ser igual para respetarlo ni entenderlo”, sostuvo.
Esa mirada sobre la diversidad, el respeto y la comunidad atraviesa tanto su formación académica como su participación en las tareas forenses.
Sus padres, según contó, la acompañaron desde el primer momento y fueron fundamentales para que pudiera afrontar la carrera universitaria. Hoy comparten la alegría de verla avanzar hacia aquello que imaginó cuando todavía era una adolescente.
La historia de Malena Salazar tiene un comienzo sencillo: una visita al cementerio de Hernando, una parada en una estación de servicio y una noticia en el diario. Pero aquella lectura a los 14 años dejó una marca que nunca desapareció.
Hoy, mientras trabaja junto a profesionales que buscan respuestas sobre uno de los capítulos más dolorosos de la historia argentina, aquella decisión adolescente adquiere una dimensión concreta.
Porque detrás de cada investigación no hay solamente restos que analizar o procedimientos científicos que completar. Hay identidades por recuperar, familias que esperan respuestas y una sociedad que necesita conocer su historia.
Y Malena, que un día descubrió su vocación leyendo una noticia, hoy forma parte de ese trabajo.



