La materia prima aparece en talleres, plegadoras y entre amigos que guardan piezas que ya no utilizan. Engranajes, cadenas y otros elementos de hierro se van reuniendo hasta que llega el momento de descubrir qué puede surgir de ellos.
“Voy a talleres, a plegadoras, a donde sea, amigos, y junto, junto, junto. Después, cuando tengo todo, a ver qué nace, qué se puede hacer”, explicó Salazar durante la entrevista.
El trabajo combina soldadura, diseño e intuición. No existe necesariamente un plan cerrado desde el comienzo: una idea puede cambiar durante la construcción, una pieza pequeña puede terminar convertida en una escultura mucho más grande y un detalle aparentemente menor puede demandar horas de trabajo.
El propio artista contó que, en ocasiones, puede pasar dos horas buscando la forma de resolver un ojo y terminar el resto de la obra en apenas media hora. El proceso creativo, según describió, avanza con pruebas, modificaciones y decisiones que se toman mientras la escultura va tomando forma.
“Esto está terminado cuando me termina de gustar a mí”, resumió, al explicar que la obra necesita alcanzar una forma con la que él mismo se sienta conforme.
Aunque su material principal es el hierro, también incorpora madera en algunas piezas, por la calidez que aporta a las composiciones.
La exposición reunirá 11 esculturas de diferentes tamaños. Algunas podrán ubicarse en el interior del edificio y otras permanecerán en el exterior, debido a sus dimensiones. Según explicó Salazar, una de las piezas más grandes alcanza aproximadamente los cuatro metros de ancho.
Entre las figuras se encuentran peces, una mariposa y otras formas reconocibles, construidas con piezas que originalmente tenían otra utilidad.
Una de las particularidades del trabajo es que quienes aportaron los materiales pueden reconocerlos después en las esculturas. Un engranaje, una pieza de una máquina o un elemento de una manicera reaparece integrado a una creación diferente.
Para Salazar, ese reconocimiento también forma parte de la satisfacción que le produce compartir sus obras: quienes colaboraron pueden descubrir qué pasó con aquello que habían considerado un descarte.
Durante la charla, el artista hizo hincapié en la importancia de los vínculos y la colaboración. La muestra surgió a partir de una propuesta que llevó al municipio y fue tomando forma con el acompañamiento de amigos, trabajadores y personas que aportaron materiales, conocimientos y tiempo.
“Una de las alegrías mías, tremenda, es esa: que nada se construye solo”, expresó.
En ese sentido, la exposición no representa únicamente el resultado de su trabajo individual. También refleja los encuentros, las conversaciones y las ideas compartidas que aparecen mientras se construye cada pieza.
Salazar vinculó esa experiencia con una convicción personal: muchas veces, para animarse a hacer algo nuevo, el primer paso consiste en superar la propia inseguridad y descubrir que es posible aprender.
“Todos podemos aprender”, sostuvo, al recordar también su recorrido con la música y el bombo. Para él, una de las diferencias fundamentales está en dedicarle tiempo a aquello que uno quiere desarrollar.
Esa mirada se extiende a su taller, que, según contó, está abierto para quienes quieran acercarse, conocer el trabajo y aprender.
La inauguración de “Lo que el hierro guardaba”, de Raúl “El Negro” Salazar, será el martes 27 de octubre, a las 20:30, en el CIM de Hernando, en el marco de la Fiesta Nacional del Maní.
La exposición se extenderá hasta el martes 10 de noviembre y podrá visitarse de 8 a 12. Algunas de las esculturas también estarán ubicadas en el exterior del edificio, en el sector de Belgrano y 25 de Mayo, para que pueda apreciarse desde la vía pública.
Con esta propuesta, Salazar invita a mirar de otra manera los materiales que suelen quedar relegados y a descubrir las posibilidades que aparecen cuando la creatividad se encuentra con el trabajo, la paciencia y la voluntad de transformar.



