Una investigación periodística de RH1 que comenzó con una vieja casona rural de 1933 y un jote posado en lo más alto terminó convirtiéndose en una historia de memoria familiar, descubrimiento artístico y reconocimiento. Este martes, en el Centro Cultural Raúl Alfonsín, se inauguró la muestra que permitió conocer la obra de Armando Baudino, un pintor cuya producción permaneció durante años prácticamente desconocida para la comunidad.
Hay historias que parecen cerrarse donde comenzaron. Y otras que, para llegar a ese momento, necesitan recorrer un largo camino.
La de Armando Domingo Baudino tuvo este martes uno de esos momentos especiales. En el Centro Cultural Raúl Alfonsín de Hernando quedó inaugurada la muestra de sus pinturas, en un encuentro que reunió a integrantes de la familia Baudino, al intendente municipal y a funcionarios, y que formó parte de las actividades preliminares de la 71ª Fiesta Nacional del Maní.
La exposición representó mucho más que la presentación pública de una colección de cuadros. Fue, de alguna manera, el final de un recorrido que comenzó meses atrás, cuando una publicación de RH1 puso la mirada sobre una antigua casa de campo ubicada a unos seis kilómetros de Hernando, hacia el este.
En una de sus paredes todavía permanece grabada una fecha: 1933. La construcción, rodeada por el paisaje rural y acompañada por una palmera que resistió el paso de las décadas, parecía guardar una historia que merecía ser contada.
En aquella primera visita hubo también una imagen que quedó incorporada al relato: un jote que apareció sobrevolando la vivienda y terminó posándose en la parte más alta de la construcción.
La fotografía de aquella casa y el ave se convirtió en el punto de partida de una investigación que terminaría revelando mucho más de lo que inicialmente imaginábamos.
La investigación permitió reconstruir el origen de la vivienda y la historia de la familia Baudino.
Su constructor fue José Antonio Baudino, un inmigrante italiano que llegó a la zona después de pasar por Santa Fe y Las Perdices. En 1916 se radicó en Hernando junto a sus nueve hijos. En 1931 pudo adquirir sus propias tierras y dos años después terminó de construir la casa que todavía permanece en pie.
Durante décadas, aquel lugar fue una vivienda familiar y un establecimiento rural. Allí transcurrieron generaciones, hubo trabajo, animales, reuniones y escenas cotidianas de la vida de campo.
Uno de los integrantes de aquella familia fue Armando Domingo Baudino, nacido en Hernando el 10 de marzo de 1950, hijo de Domingo Baudino y María Groso.
Armando pasó parte de su infancia en aquella casa. Pero en 1962, cuando tenía apenas doce años, la muerte de su padre modificó el rumbo de su vida y se trasladó al pueblo junto a su madre, su abuela y su hermano.
Después llegó Córdoba, donde cursó estudios universitarios y obtuvo los títulos de contador público y licenciado en Administración. Desarrolló una intensa actividad profesional, con trabajos y viajes que también lo vincularon con otras provincias.
Su familia lo recuerda como un hombre de gran formación cultural, curioso, conversador y especialmente afectuoso con sus sobrinos, con quienes construyó un vínculo muy cercano.
Pero había una faceta de su vida que buena parte de Hernando desconocía.
Armando también era pintor.
Alrededor de 1990 comenzó a tomar clases de pintura. Aquella inquietud terminó convirtiéndose en una verdadera vocación.
Participó en concursos en Córdoba hacia 1993 y 1994, mientras continuaba con su actividad profesional.
Sus obras tienen un fuerte contenido costumbrista. En ellas aparecen los paisajes rurales, la casa de campo, la galería, su madre tomando mate, su abuela junto a un nieto, las tareas rurales, una carneada y diferentes escenas de la vida familiar.
No eran solamente representaciones de paisajes. Eran recuerdos.
Entre las fotografías recuperadas por la familia apareció una particularmente significativa: Armando frente a la vieja casa rural, pincel en mano, pintando precisamente el lugar donde había nacido y transcurrido parte de su infancia.
Décadas después de haber abandonado aquella vivienda, había regresado a ella de otra manera.
La estaba pintando.
La colección reúne alrededor de cincuenta obras que durante años permanecieron prácticamente fuera del conocimiento público en Hernando. Algunas habían estado expuestas en Córdoba, pero luego fueron recuperadas y quedaron en manos de la familia.
Javier Baudino, sobrino de Armando, fue una pieza fundamental en la reconstrucción de esta historia. A partir de los documentos conservados por su padre, Elso Baudino, y de sus propias investigaciones familiares, comenzó a recuperar fotografías, testimonios, registros y recuerdos.
En una de las entrevistas con RH1 resumió el descubrimiento con una frase que terminó convirtiéndose en una de las claves de todo este recorrido:
«Nosotros tenemos acá un tesoro que nadie conoce».
La publicación sobre la casa de 1933 abrió una puerta. La historia de Armando y sus pinturas abrió otra.
Lo que inicialmente parecía una investigación sobre una construcción rural abandonada terminó convirtiéndose en la recuperación de una parte de la memoria cultural y familiar de Hernando.
La colección permitió conocer a un hombre que, además de su profesión, había desarrollado una sensibilidad artística que encontró en la pintura una manera de regresar a los paisajes y las personas de su infancia.
Armando falleció en junio de 2006, a los 56 años, como consecuencia de un hecho criminal ocurrido en Córdoba. Su vida quedó interrumpida, pero sus pinturas permanecieron.
Y fueron precisamente esas obras las que, veinte años después de su muerte, encontraron finalmente un espacio de encuentro con la comunidad de la que había formado parte.
La inauguración de este martes permitió que familiares, autoridades y vecinos pudieran acercarse a una producción artística que hasta ahora había permanecido principalmente dentro del círculo privado.
El encuentro en el Centro Cultural Raúl Alfonsín tuvo además un significado particular por realizarse en el marco de las actividades preliminares de la Fiesta Nacional del Maní, una celebración que forma parte de la identidad de Hernando.
Hay algo especial en el recorrido que llevó hasta esta exposición.
Primero apareció una casa antigua, aislada en medio del campo. Después llegó la historia de José Antonio Baudino y de una familia inmigrante que construyó allí su vida. Más tarde apareció Armando, el niño que creció entre aquellas paredes y que, muchos años después, volvió con sus pinceles para retratar ese mundo que había quedado atrás.
Aparecieron también los recuerdos de Elso, la investigación de Javier y las aproximadamente cincuenta obras que esperaban ser descubiertas.
Y estuvo aquel jote, posado en lo más alto de la casa, en una imagen que parecía resumir todo lo que todavía permanecía oculto detrás de sus paredes.
Este martes, con la inauguración de la muestra, aquella historia tuvo un nuevo capítulo.
La casa sigue allí, resistiendo el paso del tiempo. El jote forma parte de aquella primera imagen. Pero ahora los cuadros de Armando Baudino tienen algo que durante muchos años les faltó: un espacio público donde puedan ser vistos, reconocidos y compartidos.
Para RH1, también fue una manera de completar un recorrido periodístico que nació de la curiosidad por una fotografía y terminó recuperando una historia que merecía volver a la memoria colectiva.
Porque a veces el periodismo no solamente cuenta lo que sucede. También puede ayudar a descubrir aquello que estaba allí, esperando que alguien lo encontrara.
La historia comenzó con una casa de 1933 y un jote en lo más alto. Terminó, al menos en esta etapa, con las pinturas de Armando Baudino frente a los ojos de su comunidad. Y entre una imagen y la otra apareció algo mucho más importante que una colección de cuadros: una parte de la historia de Hernando que estaba esperando ser contada.
FOTOS Y VÍDEOS EN LAS REDES DE LA RADIO: @rh1hernando




