Nina llegó a la parroquia muy flaquita y desnutrida. De a poco recuperó peso, recibió atención veterinaria y comenzó a adaptarse a su nuevo entorno.
Pero la adaptación fue mutua. Germán también tuvo que acostumbrarse a compartir sus días con una mascota y, rápidamente, Nina se convirtió en parte de su rutina.
Actualmente vive en la casa parroquial y participa de buena parte de las actividades que se desarrollan en el lugar.
Está presente durante las misas, acompaña encuentros de catequesis, actividades con chicos y reuniones de los diferentes grupos. También suele acompañar al sacerdote cuando debe trasladarse para celebrar misa en General Fotheringham o en establecimientos rurales y otras capillas.
La gente de la parroquia ya está acostumbrada a su presencia. A veces permanece junto al sacerdote y otras se acerca a los fieles, especialmente a los chicos y a las personas que ya la conocen.
Alassia la describe como una perra muy buena y sociable, que no genera inconvenientes durante las celebraciones religiosas.
La escena que terminó viralizándose, según explicó, no fue algo extraordinario para quienes frecuentan la parroquia. Nina suele estar cerca de él y forma parte de la vida cotidiana de la comunidad.
Durante la entrevista, el sacerdote reconoció que la compañía de una mascota tiene un significado especial, particularmente para quienes llevan adelante una tarea que muchas veces implica momentos de soledad.
“Es una presencia que es mutua”, explicó. Y agregó que cuando una persona adopta una mascota le brinda afecto, contención y cariño, pero también recibe de ella una devolución permanente.
Los animales, señaló, tienen esa capacidad de ofrecer presencia, fidelidad y afecto, hasta convertirse para muchas personas en un integrante más de la familia.
Aunque durante su vida sacerdotal no había tenido mascotas, Alassia recordó que en su infancia, junto a sus hermanos, siempre habían sido amantes de los perros. Incluso tenían la costumbre de llevar animales de la calle a su casa, algo que no siempre contaba con la aprobación inicial de sus padres.
Por eso, cuando Nina llegó a su vida, aquella relación con los animales volvió a ocupar un lugar importante.
“Para uno también es un regalo de Dios”, expresó.
El padre Germán Alassia es oriundo de Justiniano Posse y pertenece a la diócesis de Villa María. Este año, en julio, cumplió 25 años de sacerdocio.
Su llegada a Tancacha se produjo en 2003 y lleva más de dos décadas desempeñándose como párroco de la localidad.
Ese recorrido le permitió construir vínculos profundos con las familias, las instituciones y los vecinos, más allá de quienes participan habitualmente de la vida religiosa.
También mantiene una activa relación con otras actividades de la comunidad. Entre ellas, el deporte y particularmente el running, una práctica que le permitió conocer nuevas personas y generar amistades. En ese ámbito mencionó su vínculo con el profesor de running de Hernando, Cristian Platini, también conocido en Tancacha.
El sacerdote reconoció que la sociedad ha cambiado de manera vertiginosa durante los últimos años y que esas transformaciones también se reflejan en la Iglesia.
Más allá de la repercusión que alcanzó la imagen junto a Nina, Alassia considera que la viralización puede servir para transmitir un mensaje mucho más importante.
Desea que su historia incentive a otras personas a querer, cuidar y adoptar animales, especialmente aquellos que fueron abandonados y esperan una oportunidad.
“Me parece mucho más valioso cuando adoptamos perros que están abandonados”, sostuvo.
También llamó la atención sobre una realidad que considera necesario combatir: el abandono de animales en las rutas y en diferentes lugares, donde quedan expuestos al hambre, las enfermedades y los peligros.
Su mensaje es que, cuando una persona no puede hacerse cargo de una mascota, debe buscar la manera de encontrarle otro hogar, en lugar de abandonarla.
Nina tuvo esa oportunidad. Fue rescatada, recibió cuidados y encontró en la parroquia un lugar donde crecer y sentirse querida.
La historia de ambos demuestra que la adopción transforma dos vidas: la del animal que encuentra un hogar y la de la persona que descubre una compañía capaz de brindar afecto sin condiciones.
Al finalizar la entrevista, el padre Germán dejó un mensaje que resume el sentido de esta experiencia: “Que cuidemos, que le demos mucho amor a los animales, que también son un regalo de Dios”.



