Para esta nueva edición se realizó una encuesta a 160 estudiantes de segundo año de las cuatro escuelas secundarias de Hernando. El cuestionario mantuvo la estructura del trabajo original, con algunas modificaciones necesarias para contemplar los cambios sociales y culturales.
Una de las decisiones metodológicas fue utilizar encuestas en papel, en lugar de formularios digitales. Según explicaron las entrevistadas, esto permitió resguardar mejor el anonimato de los participantes, teniendo en cuenta que se trata de menores de edad.
También se modificó una de las preguntas: en 2006 se consultaba sobre sexo y en 2026 se incorporó la categoría género, para contemplar la diversidad de autopercepciones.
Uno de los resultados más significativos aparece al comparar las respuestas sobre la necesidad de que los padres establezcan límites.
En 2006, el 74% de los adolescentes encuestados consideraba que sus padres debían ponerles límites. En 2026, ese porcentaje ascendió al 87%.
El crecimiento de 13 puntos porcentuales constituye uno de los principales hallazgos de la investigación y confirma la hipótesis planteada por los estudiantes: los adolescentes siguen esperando que los adultos ocupen ese lugar.
Para Vassallo, el dato invita a reflexionar sobre una aparente contradicción: muchas veces se piensa que las nuevas generaciones buscan mayor libertad y rechazan las restricciones, pero los resultados muestran que también necesitan referencias, acompañamiento y adultos capaces de establecer pautas.
La docente planteó que el límite no debe entenderse solamente como una prohibición. También representa una respuesta adulta frente a las inquietudes, las necesidades y los pedidos de los adolescentes.
La otra hipótesis de la investigación también fue confirmada: los adolescentes esperan la presencia afectiva de sus padres.
En este punto, los resultados fueron muy similares a los de hace veinte años. En 2026, el 93,9% de las respuestas señaló expectativas vinculadas con la confianza, el acompañamiento, la comprensión, el respeto y la diferenciación generacional. En 2006, el registro había sido del 95%.
La comparación muestra una notable continuidad en aquello que los adolescentes consideran importante dentro del vínculo familiar.
Durante la entrevista, Vassallo hizo una aclaración sobre el concepto de padres: no se refiere exclusivamente a la madre y al padre biológicos, sino a las personas significativas que cumplen funciones de cuidado y acompañamiento, como tutores o adultos responsables.
La investigación también indagó sobre cómo describen los jóvenes la relación cotidiana con sus familias. En 2026, el 49% manifestó no tener problemas o dificultades con sus padres, mientras que el 42% dijo que existen problemas, pero que pueden llegar a acuerdos. En 2006, esos porcentajes habían sido del 49% y el 47%, respectivamente.
Las encuestas también preguntaron en qué situaciones consideran que sus padres deberían establecer límites.
En este aspecto, la comparación mostró una importante estabilidad en las respuestas vinculadas con tres conductas de riesgo: el consumo de drogas, las bebidas alcohólicas y el cigarrillo. En conjunto, representaron el 64% de las respuestas en 2026 y el 59% en 2006.
Sin embargo, el trabajo incorporó una problemática que no existía como tal en la encuesta original: el casino virtual y las apuestas online.
Milagros explicó que los adolescentes muchas veces pueden percibir estas prácticas simplemente como un juego, sin advertir los riesgos que implican. La preocupación aparece cuando la actividad comienza a generar una necesidad de apostar más dinero, pedir prestado o contraer deudas con amigos y conocidos.
La incorporación de este tema permitió actualizar la investigación y poner en discusión una problemática que atraviesa a las nuevas generaciones.
Otro de los aspectos que surgió durante el análisis fue el vínculo de las familias con los dispositivos tecnológicos.
A partir de una actividad de comparación realizada con herramientas de inteligencia artificial, los estudiantes identificaron que el uso del celular puede convertirse en un campo de conflicto, pero también en una dificultad compartida: tanto los adolescentes como los adultos pueden desarrollar una relación excesiva con la tecnología.
La reflexión de las entrevistadas apunta a que no alcanza con señalar los hábitos digitales de los jóvenes si los propios adultos también tienen dificultades para desconectarse.
En ese sentido, la tecnología aparece como un nuevo escenario en el que deben construirse acuerdos, límites y espacios de comunicación dentro de las familias.
Uno de los conceptos destacados durante la conversación fue la importancia de la diferenciación generacional.
Milagros observó que, en comparación con 2006, los padres actuales cuentan con mucha más información sobre psicología, educación y crianza. Sin embargo, eso no siempre se traduce en la posibilidad de sostener los límites.
En ocasiones, en el intento de acercarse a sus hijos, algunos adultos pueden desdibujar su propio rol y buscar convertirse en amigos de los adolescentes.
Vassallo consideró fundamental mantener una relación cercana, pero sin perder la asimetría que debe existir entre adultos y jóvenes. Cada uno tiene un lugar y una responsabilidad diferentes dentro del vínculo familiar.
La docente sostuvo que cuando esa diferenciación se pierde pueden aparecer confusiones y dificultades en la construcción de los espacios y responsabilidades de cada etapa de la vida.
Quizás uno de los aspectos más movilizadores del trabajo aparece en las respuestas abiertas, donde los estudiantes pudieron expresar qué creen que ayudaría a fortalecer la relación con sus padres.
Entre las propuestas que involucran a padres e hijos aparecen la confianza mutua, el tiempo compartido y el diálogo y la comprensión.
También hubo pedidos dirigidos específicamente a los adultos: que confíen más, que no juzguen y que presten atención.
En la entrevista, Vassallo destacó especialmente esas respuestas. Señaló que los adolescentes están reclamando algo que puede parecer sencillo, pero que muchas veces resulta difícil de sostener en la vida cotidiana: que sus padres les dediquen tiempo y atención.
La docente planteó como una posible explicación el ritmo acelerado de la sociedad actual, las exigencias laborales y el cansancio de los adultos, factores que pueden limitar los espacios de encuentro familiar.
La reflexión deja una pregunta abierta: en una época en la que estamos permanentemente conectados, ¿estamos realmente comunicados?
El trabajo también tuvo su espacio de presentación ante el Concejo Deliberante, donde los estudiantes pudieron compartir las conclusiones con los representantes de la comunidad.
Para Milagros, fue una experiencia novedosa y enriquecedora. Destacó la posibilidad de exponer ante los concejales, escuchar sus opiniones y continuar conversando sobre los resultados una vez finalizada la presentación.
La propuesta permitió además recuperar el vínculo con algunas de las exalumnas que habían participado de la investigación original en 2006. Veinte años después, pudieron reencontrarse con aquel trabajo y conocer cómo se había retomado la misma pregunta.
Desde la institución, además, se compartieron los resultados con los directivos de las cuatro escuelas secundarias de Hernando, para que puedan hacerlos circular entre docentes, estudiantes y familias.
La visita de Vanina Vassallo y Milagros Pereyra a los estudios de RH1 permitió acercar a la audiencia una investigación que trasciende el ámbito escolar y propone una reflexión necesaria para toda la comunidad: qué lugar ocupan los adultos en la vida de los adolescentes y cuánto tiempo, atención y acompañamiento les estamos brindando.




