La entrevista con RH1 se produjo pocos días después de que el Concejo Deliberante aprobara por unanimidad, el miércoles 14 de octubre, la creación de una nueva Banda Municipal de Música, que funcionará como elenco estable de la Escuela Municipal de Música, bajo la órbita de la Dirección de Cultura. La propuesta establece una conformación progresiva, de acuerdo con la demanda educativa y las posibilidades presupuestarias del municipio.
Para Angelita, el anuncio representa una oportunidad de recuperar una expresión cultural que marcó una etapa de la vida de Hernando, aunque también deja una enseñanza: para que una banda perdure, hace falta planificación, recursos, formación y compromiso.
El comienzo de aquella historia se remonta a una reunión en la que participaban el entonces intendente Pedro Candela, Margarita Rostagno y otras personas, convocadas originalmente para tratar diferentes temas.
En medio de la conversación surgió la posibilidad de crear una banda de música en Hernando. Angelita estaba presente y, cuando se planteó la idea, la señalaron como alguien que podía colaborar.
Su respuesta estuvo vinculada con una pasión personal: la música.
“Como soy yo, a mí me gusta, amo la música. Por lo tanto, yo digo: si podemos, yo encantada, los voy a ayudar”, recordó.
La propuesta, que inicialmente parecía una conversación más, comenzó a tomar forma al día siguiente, cuando Candela la llamó para confirmar que hablaba en serio. Entonces llegó el momento de pasar de la idea a la organización.
Angelita planteó desde el principio las cuestiones fundamentales: quién sería el director, con qué músicos contarían, qué instrumentos necesitaban y cómo se financiaría el proyecto.
No se trataba solamente de reunir a un grupo de chicos interesados en tocar. Había que construir una estructura capaz de funcionar.
Uno de los primeros desafíos fue encontrar a la persona indicada para dirigir la agrupación. Angelita no dudó en pensar en Ítalo Scaglione, a quien recordó como un excelente músico y un hombre de enorme capacidad.
Fue a visitarlo para proponerle que se hiciera cargo de la banda. La respuesta fue positiva y así comenzó a delinearse el proyecto musical.
En la entrevista, Angelita destacó especialmente su capacidad autodidacta. Recordó cómo elaboraba partituras para diferentes instrumentos, adaptando las piezas musicales a las necesidades de cada integrante.
“En un papelito en blanco él elaboraba una partitura para los distintos géneros musicales y los distintos instrumentos”, relató.
La tarea exigía conocimientos, paciencia y una dedicación permanente. Cada instrumento necesitaba su propia parte y los integrantes debían aprender a interpretar la música, estudiar y ensayar.
Para Angelita, esa capacidad de Scaglione fue uno de los aspectos más admirables de aquella experiencia.
La conformación de la banda no fue sencilla. Al principio faltaban instrumentos y también había que encontrar a las personas dispuestas a incorporarse a un proyecto que requería tiempo de estudio y práctica.
La convocatoria se realizó, entre otros lugares, en las escuelas de Hernando, donde se buscaba a chicos con aptitudes e interés por la música.
De esa manera comenzó a formarse un grupo que fue creciendo con la incorporación de distintos jóvenes y músicos de la ciudad.
Los ensayos se realizaban en la biblioteca, incluso los sábados a la tarde. Angelita recordó que los horarios generaban algunas quejas de los vecinos, pero la actividad continuaba porque el objetivo era llegar preparados al debut.
También había dificultades materiales. Algunos instrumentos que se consiguieron de agrupaciones anteriores debieron ser recuperados y restaurados, mientras que otros no estaban en condiciones de utilizarse.
“Usted quiere la banda, pero acá tiene que haber un presupuesto para eso”, fue el planteo que, según recordó, debió hacerle al intendente.
La experiencia le permitió comprender que una agrupación de estas características necesita mucho más que entusiasmo: requiere inversión, organización y una estructura de acompañamiento.
Ante las dificultades económicas, Angelita entendió que no podía llevar adelante sola semejante tarea. Contaba con el apoyo de su marido, quien también estaba entusiasmado con la banda, pero era necesario sumar a otras personas.
Así nació una cooperadora que tuvo un papel decisivo para sostener el proyecto.
Angelita recordó especialmente la participación de Elire Destefanis, quien se incorporó a la iniciativa y asumió la presidencia de la comisión.
A partir de ese trabajo se pudo avanzar en una de las cuestiones que más identificaron a la agrupación: su uniforme.
La inversión incluyó chaqueta, camisa, pantalón, gorra, corbata, insignias y hasta los zapatos. Las prendas se confeccionaron de manera coordinada, con medidas tomadas para los integrantes y detalles que permitían mantener una imagen uniforme.
“Fue una gran inversión que se hizo. Fue enorme”, señaló.
La cooperadora también cumplió una función cotidiana: organizar traslados, acompañar a los jóvenes y estar presente en cada una de las actividades. Cuando no había un colectivo disponible, las familias se distribuían para llevar a los músicos en sus propios automóviles.
La banda, de esa manera, terminó convirtiéndose en una experiencia que involucró no solamente a sus integrantes, sino también a sus familias y a buena parte de la comunidad.
Los primeros ensayos comenzaron alrededor de 1978. Después de aproximadamente dos años de formación, llegó el momento esperado: el debut oficial, el 25 de mayo de 1980.
La agrupación reunió a más de 25 integrantes, todos uniformados, y representó un logro importante para Hernando.
Angelita destacó el impacto que producía la presentación de la banda, tanto por su calidad como por la imagen que ofrecía. El uniforme completo, con todos sus detalles, despertaba comentarios y admiración en los lugares que visitaban.
La experiencia también incluyó presentaciones fuera de la ciudad, entre ellas actuaciones en Río Cuarto y otros destinos. La agrupación contaba, además, con bastoneras que acompañaban los desfiles y aportaban una característica distintiva.
En su relato aparecieron pequeñas historias que todavía conserva en la memoria: los viajes, los preparativos antes de salir, las familias organizándose y las exigencias del director para que todo estuviera en condiciones.
Son recuerdos que, más de cuatro décadas después, mantienen una enorme carga afectiva.
Como sucede con muchas experiencias musicales integradas por adolescentes, uno de los problemas llegó cuando los integrantes terminaron la escuela secundaria.
Varios se trasladaron a otras ciudades para continuar sus estudios y la banda comenzó a perder componentes. La situación se agravó con el paso del tiempo y con la salida de su director.
Angelita recordó que intentaron encontrar alternativas para mantener la continuidad de la agrupación. Incluso gestionó la llegada de otro director, con la intención de evitar que todo el trabajo realizado se perdiera.
Sin embargo, las dificultades para sostener los ensayos y la participación de los músicos terminaron afectando aquel proceso.
La banda fue perdiendo integrantes y la experiencia original se desarticuló, aunque parte de su espíritu continuó presente en la formación musical de la ciudad.
La historia dejó una enseñanza que Angelita considera vigente: formar músicos lleva tiempo, y sostener una agrupación requiere que los integrantes puedan continuar participando, incluso cuando cambian sus circunstancias personales.
La aprobación de la nueva Banda Municipal de Música volvió a poner sobre la mesa aquella experiencia histórica. Sin embargo, el escenario actual es diferente.
Hernando cuenta con una Escuela Municipal de Música consolidada, dirigida por Ariel Rodríguez, que reúne a niños, jóvenes y adultos en distintas disciplinas y cuenta con docentes y espacios destinados a la formación musical.
Angelita observa ese crecimiento con satisfacción. En la entrevista destacó el trabajo que se realiza en la institución y la posibilidad de que personas de diferentes edades se acerquen al aprendizaje de un instrumento.
“Estoy contenta que se reinicie o se organice la banda”, afirmó. Pero inmediatamente agregó una recomendación basada en lo vivido: “Armar un proyecto y saber y conocer con qué se cuenta”.
Para ella, la nueva etapa debe construirse desde la estructura educativa existente, aprovechando los recursos humanos y pedagógicos de la Escuela Municipal de Música.
“Me gustaría y sugiero (...) que surja todo de la Escuela Municipal de Música. Porque tenemos el profesor”, expresó.
La propuesta aprobada por el Concejo Deliberante contempla precisamente ese camino: incorporar progresivamente docentes especializados, formar alumnos en instrumentos de viento y cuerda, desarrollar ensambles y avanzar hacia la consolidación de un elenco estable.
La experiencia de 1980 le enseñó a Angelita que el entusiasmo inicial debe acompañarse con decisiones concretas. No alcanza con tener músicos interesados: hay que disponer de instrumentos adecuados, profesores, recursos económicos y tiempo para aprender.
La nueva banda tendrá que transitar ese proceso. La planificación por etapas permitirá ampliar la formación instrumental de la Escuela y generar, progresivamente, los grupos necesarios para conformar la agrupación.
En ese sentido, Angelita considera que las condiciones actuales ofrecen una base importante. La presencia de alumnos de diferentes edades y el trabajo de la institución permiten pensar en una convocatoria amplia, siempre que se generen las oportunidades para que quienes tengan interés puedan incorporarse.
También entiende que la disciplina, la responsabilidad y el compromiso son esenciales para cualquier actividad cultural.
Su mirada no está puesta solamente en recuperar una formación musical del pasado, sino en construir una nueva experiencia que pueda sostenerse durante muchos años.
Durante la entrevista surgió también la posibilidad de que la futura agrupación lleve el nombre del maestro Italo Scaglione, una propuesta mencionada por Ariel Rodríguez durante el tratamiento del tema en el Concejo Deliberante.
Angelita recibió la idea con profunda emoción y recordó el vínculo humano que se construía alrededor de la música, además del trabajo y la exigencia que implicaba formar parte de la banda.
El homenaje, si finalmente se concreta, podría convertirse en otra manera de vincular la nueva etapa con la memoria cultural de Hernando.
La historia de la agrupación de 1980 demuestra que una banda no se construye únicamente con instrumentos y partituras. También necesita personas que transmitan conocimientos, acompañen a los jóvenes y sostengan una idea colectiva.
Angelita conserva numerosas fotografías de aquella etapa. Sin embargo, reconoce que durante mucho tiempo le costó volver a mirarlas.
No se trata solamente de la nostalgia por algo que terminó, sino de la intensidad de una experiencia compartida con su familia, los músicos y quienes colaboraron para hacer posible la banda.
“Fue un logro para Hernando, que lanzáramos una banda de más de 25 componentes”, expresó.
Aquel recorrido también abrió caminos para otras iniciativas culturales. Angelita recordó posteriormente la creación del Coro de Niños y el desarrollo de la Casa de la Cultura, proyectos en los que volvió a poner en práctica la misma convicción: el trabajo colectivo puede generar oportunidades para toda la comunidad.
Su historia personal está ligada a esa manera de entender la cultura, como una tarea que requiere constancia, organización y participación.
La nueva Banda Municipal de Música todavía tiene por delante un proceso de formación y organización. Su puesta en marcha será gradual y dependerá de la incorporación de docentes, la preparación de los estudiantes y la disponibilidad de los recursos necesarios.
Para Angelita Ferrochio, el anuncio abre una posibilidad que merece ser acompañada con entusiasmo, pero también con responsabilidad.
La banda que debutó en 1980 necesitó dos años de preparación, el compromiso de sus músicos, el apoyo de las familias y una cooperadora que permitió resolver buena parte de las necesidades materiales.
Hoy, con una Escuela Municipal de Música en funcionamiento, Hernando cuenta con una base institucional diferente para emprender el desafío.
La expectativa es que esa estructura permita formar nuevas generaciones de músicos y recuperar una agrupación capaz de acompañar actos oficiales, celebraciones patrias, fiestas populares y otros acontecimientos de la ciudad.
Porque detrás de cada banda hay mucho más que música: hay una comunidad que aprende a trabajar en conjunto, comparte una identidad y encuentra una manera de expresarse.
Angelita fue madrina de aquella banda que hizo historia en 1980. Hoy, con sus recuerdos y su experiencia, vuelve a acompañar el sueño de que la música regrese a las calles de Hernando.



