Rivarola dejó en claro que no cuestiona la ambición deportiva de los clubes.
Por el contrario, recordó su propia experiencia como jugador de Estudiantes y aseguró que siempre tuvo como objetivo competir, ganar y salir campeón.
“Yo también cuando jugué quería ganar, quería competir, quería salir campeón”, expresó.
Sin embargo, considera que esa búsqueda deportiva no puede llevar a las instituciones a comprometer su estabilidad económica, financiera o estructural.
“Creo que eso no puede venir a costa de cualquier costo”, remarcó.
Para el dirigente, el debate no pasa por abandonar la competencia ni resignar aspiraciones, sino por encontrar un modelo que permita competir sin poner en riesgo el futuro de los clubes.
En su condición de integrante de la mesa directiva de la Liga, Rivarola señaló que actualmente se está atravesando un proceso de cambio y que dentro de la organización ya se están analizando distintas alternativas.
Uno de los aspectos que, según indicó, debe discutirse es el formato de los torneos.
La intención es encontrar una estructura que resulte sostenible para las instituciones y que permita mantener una competencia atractiva sin profundizar las dificultades económicas.
Uno de los principales puntos señalados por Rivarola fue el dinero que los clubes destinan a la contratación de jugadores de otras localidades.
Consideró que los refuerzos y los gastos asociados a incorporar futbolistas provenientes de otros lugares representan una carga importante para las instituciones.
En ese sentido, planteó que sería conveniente reorientar parte de esos recursos hacia el trabajo propio de cada club, especialmente las divisiones inferiores.
“Creo que hay que seguir haciendo hincapié en la formación y en las divisiones inferiores de cada uno de los clubes”, sostuvo.
Su planteo no implica dejar de incorporar jugadores ni renunciar a la posibilidad de armar equipos competitivos, sino revisar cuánto se destina a esas contrataciones y qué retorno institucional tienen.
Rivarola también puso sobre la mesa una característica que considera fundamental para analizar la situación: la Liga Regional forma parte del fútbol amateur.
Para el dirigente, reconocer esa condición no significa tener menos ambiciones deportivas.
“Lo cual no quiere decir que uno no quiere competir, que uno no quiere salir campeón, que uno no quiere ganar. Todo lo contrario”, explicó.
Pero entiende que la competencia debe estar acompañada por una estructura económica que pueda sostenerse en el tiempo.
El riesgo, según su análisis, es entrar en una dinámica en la que los clubes gasten cada vez más para intentar alcanzar objetivos deportivos inmediatos, aun cuando sus recursos no sean suficientes.
Una de las partes más autocríticas de su análisis fue cuando reconoció que Estudiantes tampoco fue ajeno a esta situación.
Rivarola explicó que el club también incorporó refuerzos, contrató jugadores provenientes de otras localidades y destinó recursos económicos para intentar ser protagonista.
“Uno no es que haya sido ajeno también. Hemos sido parte”, reconoció.
Incluso señaló que él mismo formó parte de las comisiones de fútbol en momentos en los que se tomaron ese tipo de decisiones.
Según explicó, muchas veces la dinámica de la competencia termina llevando a los dirigentes a seguir ese camino porque todos intentan armar equipos competitivos.
Ahora, considera que es momento de revisar ese modelo y analizar si esos recursos podrían utilizarse de una manera más estratégica.
Rivarola aseguró que el problema no es exclusivo de Estudiantes.
Según explicó, mantiene conversaciones con dirigentes de distintas instituciones y observa una problemática similar en buena parte de los clubes.
La Liga Regional cuenta actualmente, de acuerdo con sus declaraciones, con 32 o 33 instituciones, pero advirtió que si se mantiene la metodología actual, la cantidad de clubes podría reducirse significativamente.
“Si seguimos con esta metodología (...) creo que va a quedar en 20”, advirtió.
La diferencia entre las instituciones está dada, principalmente, por la capacidad de cada una para conseguir recursos.
Hay clubes que tienen mayores posibilidades de financiamiento, mientras que otros deben realizar grandes esfuerzos para afrontar los mismos compromisos.
Por eso, considera necesario discutir el tema “de manera concreta, real” y comenzar a visualizar otra forma de organizar el fútbol regional.
En medio de este escenario, Rivarola destacó como dato positivo la incorporación de nuevos dirigentes y colaboradores en Estudiantes.
Según explicó, este año se sumó un grupo de personas a la subcomisión de fútbol, con un trabajo que calificó como “espectacular”.
También destacó el crecimiento del grupo que trabaja en fútbol infantil, donde se está realizando un esfuerzo importante.
Para el presidente, conseguir personas que quieran involucrarse en las instituciones es uno de los grandes desafíos del deporte amateur.
En Estudiantes, según relató, la situación es relativamente positiva porque periódicamente aparecen nuevos colaboradores.
La propuesta de Rivarola combina dos objetivos que, a su entender, no son incompatibles: fortalecer la formación y mantener la ambición deportiva.
El presidente entiende que los jugadores formados dentro de la propia institución deben adquirir cada vez mayor protagonismo, no solamente por una cuestión económica sino también porque representan la identidad de cada club.
La formación de futbolistas propios permitiría, desde su perspectiva, reducir progresivamente la dependencia de contrataciones externas y, al mismo tiempo, fortalecer el vínculo entre los jugadores y las instituciones.
Pero el dirigente insiste en que eso no significa resignar la competencia.
Su propia historia en Estudiantes es, según planteó, una muestra de esa identidad: comenzó en las inferiores, pasó por Reserva y Primera y luego continuó su vínculo con el club desde la dirigencia.
La mirada de Rivarola apunta, en definitiva, a abrir una discusión que exceda a Estudiantes.
Como integrante de la conducción de la Liga, entiende que la sostenibilidad económica del fútbol regional debe ser un tema central.
El desafío consiste en encontrar un modelo que permita a los clubes competir, formar jugadores, sostener sus estructuras y mantener sus actividades sin asumir compromisos económicos que luego puedan afectar su funcionamiento institucional.
“Creo que hay que replanteárselo y analizarlo bien”, sostuvo.
Para Rivarola, si los clubes continúan inmersos en una competencia por aumentar permanentemente sus gastos, las consecuencias pueden ser cada vez más difíciles de afrontar.
Por eso, su propuesta pasa por revisar el formato de los torneos, analizar los costos, fortalecer las inferiores y encontrar un equilibrio entre la competencia deportiva y la salud económica de las instituciones.




