Hay personas que atraviesan situaciones capaces de cambiar una vida en apenas unos segundos. Y hay otras que, además de sobrevivir, encuentran la fortaleza para reconstruirse y ayudar a los demás con su testimonio.
Vanesa Tortti pertenece a ese grupo.
Con una mezcla de emoción, serenidad y gratitud, repasó uno de los capítulos más difíciles de su existencia. Lo hizo sin ocultar el dolor, pero poniendo el acento en todo lo que le permitió seguir adelante: su familia, los profesionales de la salud, sus compañeros de trabajo, la comunidad de Hernando y, sobre todo, una enorme fuerza de voluntad.
Todo ocurrió el 15 de mayo de 2022.
Vanesa se encontraba con licencia médica debido a un esguince sufrido mientras trabajaba. Esa tarde descansaba en el living de su casa cuando decidió encender la salamandra para calefaccionar el ambiente.
Como muchas personas hacían entonces, utilizó alcohol para facilitar el encendido.
Lo que ocurrió después fue cuestión de segundos.
Al acercar el encendedor, el fuego regresó violentamente hacia ella y prendió su ropa.
"Cuando acerqué el encendedor, el fuego volvió hacia mí y me agarró toda la remera", recordó durante la entrevista.
Su esposo reaccionó inmediatamente intentando apagar las llamas con una frazada mientras llegaban los Bomberos Voluntarios y el servicio de emergencias.
Hoy está convencida de que la rapidez con la que actuaron fue decisiva.
"Si estoy acá también es gracias a ellos."
Tras ser estabilizada en Hernando fue derivada de urgencia al Instituto del Quemado de Córdoba.
Allí comenzó una batalla que se extendería durante más de cinco meses.
Las quemaduras comprometían aproximadamente el 40% de su cuerpo, con lesiones de segundo y tercer grado que afectaban el rostro, el cuero cabelludo, el cuello, el pecho, los brazos y gran parte del torso.
Durante varias semanas permaneció sedada en terapia intensiva.
No recuerda demasiado de aquellos días.
Solo imágenes aisladas, algunas voces y la sensación permanente de estar entre el sueño y la realidad.
Recién cuando comenzaron a disminuir la sedación tomó verdadera conciencia de la gravedad de lo que había ocurrido.
La recuperación estuvo marcada por decenas de intervenciones.
Curaciones extremadamente dolorosas, limpiezas profundas de las heridas, injertos de piel y largas horas de rehabilitación formaban parte de una rutina que parecía no tener fin.
Un día ingresaba al quirófano para recibir injertos.
Al siguiente, le retiraban vendajes y limpiaban nuevamente las heridas.
Y el ciclo volvía a comenzar.
"Era horrible. Te están sacando piel, te vuelven a injertar, volvés a quirófano. El dolor era impresionante."
Los médicos, enfermeros y kinesiólogos se transformaron prácticamente en una segunda familia durante esos meses.
En medio de ese largo proceso hubo un momento que nunca olvidará.
Cuando despertó y pudo comunicarse nuevamente, lo primero que pidió fue ver a sus hijos.
"No quería otra cosa. Lo primero que pregunté fue por ellos."
Como todavía no podían ingresar al hospital, la comunicación se realizó mediante una videollamada.
Fue ese instante, asegura, el que terminó de convencerla de que debía luchar por recuperarse.
Cuando recibió el alta todavía faltaba recorrer un largo camino.
Había perdido movilidad, apenas podía caminar y necesitaba ayuda para las actividades más simples.
Volver a ponerse de pie fue otro enorme desafío.
Con la ayuda de kinesiólogos, médicos, su mamá, su hermana y especialmente de su esposo, comenzó lentamente a recuperar funciones.
Recuerda entre risas que uno de los momentos más inesperados ocurrió cuando deseaba comer una hamburguesa.
El esfuerzo por tomar una papa frita con la mano terminó convirtiéndose en un ejercicio involuntario que sorprendió incluso a los profesionales que la atendían.
También recuerda la madrugada en que decidió levantarse sola por primera vez.
Se apoyó en los muebles de su casa y caminó algunos pasos.
Fue una victoria silenciosa, pero enorme.
A lo largo de toda la entrevista, Vanesa vuelve una y otra vez sobre el mismo tema: el acompañamiento.
Habla de su esposo, que prácticamente no se separó de ella.
De su mamá, que insistía para que comiera cuando ella ya no quería hacerlo.
De su hermana, que permaneció a su lado durante gran parte de la internación.
De sus hijos, que fueron la razón para no bajar los brazos.
Y también de los vecinos de Hernando, amigos, conocidos e incluso personas que jamás había visto y que comenzaron cadenas de oración por su recuperación.
"Cuando me dijeron toda la gente que estaba rezando por mí no lo podía creer."
Cuando todavía seguía recuperándose físicamente, la vida volvió a golpearla con una tragedia aún más difícil de comprender: la muerte de uno de sus hijos.
Durante la entrevista habla del tema con enorme respeto y emoción.
Reconoce que ningún dolor puede compararse con el de perder un hijo.
Pero también asegura que aprendió a sentirlo cerca de otra manera.
"Tengo un ángel en el cielo que me ayuda todos los días."
Antes del accidente, Vanesa trabajaba en el área de Tránsito de la Municipalidad de Hernando.
Era una tarea que disfrutaba profundamente.
Ella misma reconoce que muchos pensaban que recibiría críticas por haber realizado controles y secuestrado motocicletas durante años.
Sin embargo ocurrió exactamente lo contrario.
Encontró cariño, acompañamiento y palabras de aliento de muchísimas personas.
"Pensé que la gente me iba a juzgar por mi trabajo. Pero pasó todo lo contrario."
Hoy cumple otra función dentro del municipio.
Sin embargo, cada vez que observa un operativo siente el mismo entusiasmo de siempre.
"Me encantaría volver. Es un trabajo que amo."
Las quemaduras también afectaron gravemente uno de sus ojos.
Tras distintos tratamientos y consultas en Córdoba debieron realizar la extracción del globo ocular.
Actualmente necesita una prótesis ocular que no es cubierta por la obra social porque se considera una prestación estética.
Su deseo es poder adquirirla para proteger esa zona y mejorar su calidad de vida.
Mientras tanto continúa trabajando y llevando adelante una vida prácticamente normal.
Al finalizar la entrevista, Vanesa deja de hablar de ella para hablarles a quienes atraviesan momentos difíciles.
No ofrece recetas mágicas.
Habla desde la experiencia.
"Hay que creer en uno mismo."
"Hay que valorar a la familia."
"Hay que confiar en que siempre se puede salir adelante."
Son frases simples, pero pronunciadas por alguien que convivió durante meses con el dolor, las cirugías, la incertidumbre y las pérdidas, adquieren un valor inmenso.
La historia de Vanesa Tortti no es solamente la de una mujer que sobrevivió a un gravísimo accidente doméstico.
Es la historia de una madre, una trabajadora municipal, una vecina de Hernando y una luchadora que encontró razones para seguir adelante cuando parecía que todo estaba perdido.
Su testimonio recuerda que la fortaleza no consiste en no caer, sino en encontrar el coraje para volver a levantarse una y otra vez.
Y que, incluso después de las noches más oscuras, siempre existe la posibilidad de volver a empezar.
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