Llaryora fue recibido por el juez federal Miguel Vaca Narvaja, el secretario del Juzgado Federal N.º 3, Miguel Ceballos, además de integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense y responsables del Espacio para la Memoria La Perla.
Durante la recorrida, el mandatario destacó el trabajo conjunto entre la Justicia, el EAAF y las distintas instituciones que participan de la investigación, reafirmando el compromiso de Córdoba con las políticas de Memoria, Verdad y Justicia.
El ministro de Vinculación y Gestión Institucional, Miguel Siciliano, sostuvo que la presencia del gobernador buscó transmitir "la tranquilidad de que van a seguir contando con todas las herramientas y los medios necesarios para continuar este trabajo", al tiempo que expresó que el objetivo es que "muchas familias argentinas, después de 50 años, encuentren paz".
Por su parte, el juez federal Miguel Vaca Narvaja recordó que una de las consecuencias más graves del terrorismo de Estado fue mantener durante décadas la desaparición de las víctimas y valoró el trabajo de investigación que permitió localizar el sitio donde fueron enterradas.
Las excavaciones en Loma del Torito comenzaron en septiembre de 2025, luego de años de investigaciones, testimonios e imágenes satelitales que permitieron delimitar un área de aproximadamente diez hectáreas.
Durante la primera campaña fueron recuperados numerosos restos óseos humanos que posteriormente fueron analizados por especialistas del Equipo Argentino de Antropología Forense.
Hasta el momento, el trabajo permitió identificar a 29 personas desaparecidas (12 durante marzo y otras 17 en mayo), mientras que los estudios genéticos continúan sobre nuevos restos recuperados.
Actualmente la segunda etapa de excavaciones se extenderá hasta fines de octubre de 2026.
Uno de esos hallazgos tuvo una profunda repercusión en Hernando.
Semanas atrás, RH1 entrevistó a Eduardo Navarro, vecino de la ciudad desde hace cinco años, quien conoció que entre los restos recuperados en Loma del Torito se encontraba su hermano Juan Carlos Navarro, desaparecido en agosto de 1977.
Durante la entrevista, Eduardo relató el largo camino recorrido por su familia desde el secuestro de su hermano en los primeros meses de la dictadura militar hasta la confirmación de su identidad, casi cincuenta años después.
Recordó que durante décadas convivieron únicamente con testimonios parciales y la incertidumbre sobre lo ocurrido, hasta que el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense permitió identificar los restos mediante análisis genéticos.
"Se cerró un ciclo", expresó al recordar el momento en que recibió la comunicación oficial, aunque también lamentó que muchos familiares, entre ellos su madre, fallecieron sin llegar a conocer la verdad.
En aquella entrevista también reflexionó sobre la importancia de continuar las investigaciones.
"Lo fundamental es saber qué pasó. Saber dónde estuvieron y qué ocurrió con ellos", sostuvo, destacando que ninguna diferencia política puede justificar que el Estado secuestre, torture o haga desaparecer personas.
El Equipo Argentino de Antropología Forense informó que, pese a las identificaciones logradas, aún existen perfiles genéticos que no pudieron ser vinculados con ninguna familia.
Por ese motivo continúa convocando a familiares de personas desaparecidas entre 1974 y 1983 a aportar muestras de sangre para ampliar el banco genético y facilitar nuevas identificaciones.
El trabajo que hoy continúa en Loma del Torito mantiene viva la expectativa de decenas de familias que, como la de Eduardo Navarro, esperan desde hace casi medio siglo conocer finalmente el destino de sus seres queridos.



