El impulsor de esta celebración fue Enrique Ernesto Febbraro, profesor, odontólogo, psicólogo, filósofo y músico nacido en Lomas de Zamora.
El 20 de julio de 1969, mientras millones de personas seguían por televisión la llegada del hombre a la Luna, Febbraro interpretó aquel acontecimiento como un símbolo de unidad para la humanidad.
Para él, si el mundo entero podía emocionarse por un mismo hecho, también era posible celebrar aquello que une a las personas más allá de las fronteras: la amistad.
Convencido de esa idea, escribió alrededor de 1.000 cartas en siete idiomas a personas de más de cien países proponiendo instaurar el 20 de julio como Día del Amigo. Recibió más de 700 respuestas positivas, lo que fortaleció su iniciativa.
La elección no fue casual.
El 20 de julio de 1969, los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin descendieron sobre la superficie lunar durante la misión Apollo 11, mientras Michael Collins permanecía orbitando la Luna.
Febbraro entendía que ese momento representaba un logro colectivo de toda la humanidad y una demostración de que los grandes objetivos pueden alcanzarse trabajando juntos.
Con el paso de los años, la propuesta fue ganando reconocimiento en distintas ciudades del país.
Aunque cada nación tiene su propia fecha para celebrar la amistad, la iniciativa argentina trascendió fronteras y fue adoptada en numerosos lugares.
En 2011, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) instauró oficialmente el 30 de julio como Día Internacional de la Amistad, aunque en Argentina el 20 de julio continúa siendo la fecha tradicional y la más popular.
En pocos países la celebración tiene el impacto que alcanza en Argentina.
Es habitual que durante esta jornada:
Incluso las compañías telefónicas suelen registrar uno de los mayores picos de llamadas y mensajes del año.
Diversos estudios científicos coinciden en que mantener relaciones de amistad aporta beneficios concretos para la salud.
Entre ellos se destacan:
Los especialistas sostienen que las personas con una sólida red de amigos suelen afrontar mejor las situaciones difíciles y mantienen un mayor bienestar emocional.
Más allá de regalos o reuniones, el Día del Amigo invita a valorar a quienes acompañan en los buenos y malos momentos. La historia de Enrique Febbraro demuestra cómo una idea nacida en Argentina logró transformar una fecha histórica en una celebración que, cada año, recuerda la importancia de tender puentes, fortalecer vínculos y agradecer a esas personas que hacen el camino de la vida mucho más llevadero.



