Pasaron 44 años.
Y acá estamos.
Hoy el desafío es otro. La gente tiene cientos de opciones. Si prende la radio y no estamos, busca otra. Si no encuentra una información, abre una red social. Todo es inmediato. Todo es fugaz.
Y entendimos que había que transformarse.
Hoy somos radio. Somos web. Somos redes sociales.
Incluso competimos con nosotros mismos. Alguien que no escuchó una entrevista sabe que después puede encontrarla publicada. Pero también entendí algo: si no nos transformábamos, corríamos el riesgo de quedarnos solos.
Y yo no quiero que RH1 se muera aislada del mundo.
Quiero que siga viva.
He tenido dudas. Claro que sí.
Me pregunté muchas veces si vale la pena seguir detrás de un micrófono. Si vale la pena levantarse a las seis de la mañana para iniciar una transmisión. Si alguien está realmente del otro lado.
Durante 2025 esas preguntas me acompañaron mucho.
Pero la vida también se encarga de responder.
Cuando me tocó atravesar situaciones personales difíciles, la gente estuvo.
Y estuvo de una manera incondicional.
Ahí entendí lo que se cosechó durante tantos años. Ahí comprendí que el vínculo de la gente con esta radio va mucho más allá de una frecuencia, de una antena o de un programa.
Por eso la gratitud.
Hacer periodismo en una ciudad pequeña no es sencillo.
Informamos sobre personas con las que después nos cruzamos en la calle. En el supermercado. En la cooperativa.
Muchas veces la gente quiere saber todo hasta que la noticia la tiene como protagonista.
Y entonces aparecen las críticas, los enojos y las diferencias.
Forma parte de esto.
No somos perfectos. Nunca lo fuimos.
Pero sí puedo decir que siempre intentamos trabajar con profesionalismo, con apertura y con la convicción de que informar sigue siendo una misión.
Nadie me dio esa misión.
Nadie me nombró para cumplirla.
Pero después de tantos años siento que la tengo.
Buscar. Preguntar. Leer. Mirar. Contar.
Aunque algunos ya no lean.
Aunque otros no escuchen radio.
Aunque las nuevas generaciones tengan códigos completamente diferentes.
Nosotros tenemos que seguir estando.
RH1 tiene una antena. Tiene equipos. Tiene computadoras.
Pero eso no es la radio.
La radio somos nosotros.
Claudia. Maggie. Nachi. Hernán. Quienes se fueron sumando. Los jóvenes que llegan con nuevas ideas y otras maneras de comunicar.
Ese es nuestro verdadero capital.
La gente.
Antes nos rompíamos la cabeza pensando qué hacer para cada aniversario. Parecía que si no organizábamos algo grande, el cumpleaños no existía.
Hoy lo vivo diferente.
Quizás porque uno también cambia.
Los cumpleaños se empiezan a vivir más hacia adentro. Con los que están cerca. Mirando el camino recorrido.
Y celebrando algo que parece sencillo, pero no lo es:
seguimos vivos.
Seguimos encendiendo los micrófonos.
Seguimos preguntando.
Seguimos informando.
Seguimos transformándonos.
¿Servimos para algo?
Sí.
Estoy convencido de que sí.
Y si alguna vez tenemos que irnos, será con las botas puestas. Haciendo humildemente lo que sabemos hacer.
Hoy RH1 cumple 44 años.
Es toda una vida.
Y a todos los que alguna vez pasaron por esta radio, a quienes hoy la hacen posible, a quienes confían comercialmente en nosotros y, fundamentalmente, a la gente que sigue del otro lado:
16070 veces gracias.
Porque mantener viva esta historia depende de nosotros.
Pero no tendría ningún sentido sin ustedes.



