Este tema viene dando vueltas hace tiempo, pero entiendo que tomó mayor relevancia a partir de la regulación de otros vehículos de movilidad personal, como los monopatines. Por eso consulté y me indicaron que desde la Dirección de Seguridad Vial y el Juzgado de Faltas se está trabajando en ver de qué manera encuadrar esta situación.
Ahora bien, acá aparece un punto que me parece clave: ¿la bicicleta es un peatón? Según la Ley Nacional de Tránsito N° 24.449, no lo es. Tiene obligaciones específicas, y eso abre la puerta a que los municipios puedan avanzar con ordenanzas propias que ordenen el uso. Por eso creo que hay herramientas, y que este es un tema que debe revisarse con seriedad.
Tampoco se trata de caer en extremos. No digo que haya que exigir chaleco reflectivo o prohibir que los chicos anden en bicicleta, porque todos sabemos que es un medio de movilidad y recreación. Pero sí creo que hay cuestiones básicas que no se están cumpliendo: bicicletas sin luces de noche, circulación en contramano, uso de veredas o maniobras peligrosas en la vía pública. Eso hoy es una realidad y representa un riesgo concreto.
También entiendo que no es fácil para las autoridades intervenir. No es lo mismo hablar con dos o tres chicos que encontrarse con grupos grandes, donde muchas veces aparece la falta de respeto. Pero aun así, creo que hay que avanzar.
Ahora bien, quiero ser claro en algo: no todo puede recaer en el Estado. Acá hay una responsabilidad directa de los padres. Si mi hijo tiene 11 o 12 años, yo tengo que saber dónde está, qué está haciendo y cómo se comporta. No puedo deslindar esa responsabilidad.
Porque además, si ocurre un accidente —si un menor en bicicleta lastima a una persona— quien va a tener que responder es la familia. Más allá de cualquier normativa, la responsabilidad es del adulto.
Por eso creo que este es un tema que debe abordarse desde varios frentes: por un lado, la legislación y el control; por otro, la concientización, incluso desde las escuelas; y fundamentalmente, el compromiso de las familias.
Estamos viendo conductas que antes no eran habituales: grupos numerosos, maniobras riesgosas, ocupación de espacios públicos de manera inapropiada. Y esto, en algún punto, también refleja una realidad social más amplia, donde muchas veces la rebeldía o la falta de límites se expresan en la calle.
Ojalá se pueda encontrar un equilibrio. Nadie quiere prohibir ni quitar espacios, pero sí ordenar y prevenir antes de que tengamos que lamentar consecuencias mayores.




