Quienes trabajan en gastronomía, hotelería y comercio lo expresan con claridad: la temporada estuvo por debajo de lo esperado. Incluso en fechas clave como Semana Santa, que históricamente marcan el cierre fuerte del verano turístico.
El clima, es cierto, jugó su partido. Pero no alcanza para explicar todo.
Hay algo más profundo que está cambiando.
Durante años, el turismo en las sierras quedó bajo la lupa por los costos. Y si bien hoy aparecen señales de ajuste —con propuestas gastronómicas accesibles e incluso competitivas frente a ciudades como Hernando—, el problema no parece estar solamente en el plato.
El verdadero punto crítico sigue siendo el alojamiento.
Ahí es donde muchos destinos serranos pierden competitividad. No tanto por el precio en sí, sino por la relación entre lo que se cobra y lo que se ofrece.
Y el turista hoy compara. Mucho más que antes.
En ese escenario aparece Brasil, no necesariamente como una opción más barata, sino como una experiencia diferente.
Porque si el costo final termina siendo parecido, la decisión pasa por otro lado: infraestructura, servicios, previsibilidad del clima.
En definitiva, valor percibido.
Hay un dato que preocupa especialmente: fuera de la temporada alta, muchos destinos no logran sostener la actividad.
En lugares como Villa Cura Brochero, el turismo religioso mantiene un flujo constante, pero insuficiente para sostener toda la estructura económica.
Y eso tiene consecuencias.
La falta de continuidad en la actividad turística empieza a reflejarse en otro fenómeno: la migración.
Cada vez más jóvenes se van en busca de oportunidades, incluso fuera del país.
Y eso debería encender una señal de alerta.
Porque el turismo no es solo movimiento económico. También es arraigo, desarrollo local y futuro.
Córdoba mantiene, sin embargo, una fortaleza clave: la conectividad.
Las rutas, las distancias cortas y la posibilidad de escapadas rápidas siguen siendo un diferencial.
El turismo de fin de semana, ese “turismo relámpago”, es hoy uno de los motores más activos.
La temporada se va, pero deja preguntas abiertas.
¿Es momento de replantear precios?
¿De mejorar la infraestructura?
¿De pensar un turismo más sostenido durante todo el año?
Las sierras siguen siendo un destino privilegiado. La belleza está intacta.
El desafío es otro:
ߑ‰ adaptarse a un turista que cambió… y que ahora elige distinto.




