Quiso ser médico. Pero una docente, Mirta Sabena, cambió su destino al señalarle su potencial en la comunicación. Desde corresponsal en medios regionales hasta operador y luego jefe de informativo, su camino en la radio comenzó hace más de 40 años.
“La radio nunca fue un juego. Fue un apostolado. No es un trabajo, es una forma de vida”.
Herranz analizó con claridad la transformación de los medios:
“Si no nos aggiornabamos, desaparecíamos”.
Señaló que hoy la radio ya no es un medio cautivo y que la competencia es permanente con redes sociales y plataformas digitales. Remarcó la necesidad de adaptación constante sin perder identidad.
Defendió el rol del medio del interior como garante de cercanía y responsabilidad social:
“Para nosotros es más importante que en Hernando haya nacido el primer bebé del año que el que haya nacido en la República Argentina”.
También abordó el delicado límite entre informar y autocensurarse:
“La autocensura es la peor censura que tenemos en los medios del interior”.
A pocos meses de cumplir 44 años, destacó el valor del equipo actual y la tranquilidad de saber que la radio está representada:
“Nadie es imprescindible, pero hay que marcar un camino”.
Recordó momentos de orgullo como la cobertura de la Cumbre del Mercosur y el rol social de la emisora durante las inundaciones en Hernando.
En el tramo final, la charla se volvió íntima. Habló de sus hijas como “la luz de mi vida”, del aprendizaje a través del dolor y de una nueva perspectiva:
“Otra vida es posible”.
Definió sus valores como responsabilidad, coherencia y respeto, sumando fortaleza y tesón en esta etapa.
Cuando le preguntaron cómo titularía su vida si fuera un programa de radio, respondió sin dudar:
“Confieso que he vivido”.
Una entrevista que dejó reflexión, humanidad y un mensaje claro: la comunicación verdadera no depende del micrófono, sino del compromiso.
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