Aprendí que preguntarse “¿por qué?” no siempre ayuda. A veces destruye más de lo que construye. Con el tiempo empecé a preguntarme para qué vino lo que vino. Y ahí empieza otro camino.
Me tocó atravesar miedos, dudas, silencios y momentos de desánimo. Sí, tengo miedo. Sí, muchas veces estoy desanimado. Y me permito sentirlo. Me permito vivir las emociones como vienen, porque creo que esa es la única manera de enfrentarlas de verdad y dejar que el cuerpo y la cabeza encuentren sus propias defensas.
En este proceso, mi familia fue y es clave. El acompañamiento de mi pareja, de mis afectos, del equipo médico, de los profesionales, de los médicos de Hernando que estuvieron siempre, a cualquier hora, respondiendo una consulta, una duda, un mensaje. Todo eso sostiene.
Y la gente… la gente ni hablar. Los mensajes, los llamados, los gestos en la calle. A veces uno duda si está o no está en el corazón del otro, y en momentos así se da cuenta de que sí. Todo eso es cosecha de lo que uno fue sembrando durante tantos años.
Le entregué mi vida a la radio y a la comunicación. Este lugar es mi segundo hogar, y muchas veces, el primero. Acá vivimos de todo: desafíos, momentos difíciles, alegrías, luchas. Como en la vida misma.
No sé cuándo voy a volver definitivamente al aire. No hay fechas. Hay procesos. Y esos procesos no se manejan en los tiempos que uno quiere, sino en los tiempos que la vida y el cuerpo permiten. Pero sí sé algo: cuando vuelva, no voy a volver al mismo punto de partida.
La vida es circular. Cuando te pone algo de frente es para que aprendas. Y si no aprendés, te lo vuelve a poner una y otra vez.
Hoy solo quise pasar, decir “hola”, agradecer y seguir caminando. Gracias por estar, por el respeto, por el cariño y por poner el alma en esto que hacemos todos los días.
Cuando menos lo esperen, acá estaremos otra vez.




