La preparación incluyó entrenamientos extremadamente exigentes, muchos de ellos durante la noche.
“Algunos días salíamos a las nueve de la noche de trabajar, nos íbamos hasta San Agustín, entrenábamos toda la noche cruzando hasta Villa General Belgrano y después volvíamos a trabajar sin dormir”, explicó.
Ese proceso también implicó resignar tiempo personal y familiar.
“Hace casi un año que prácticamente no comparto los domingos en familia porque estoy entrenando en la montaña”, señaló.
“La Misión” no es una carrera de trail convencional. Según explicó la atleta, el formato exige una gran autonomía de los participantes.
“No es una carrera donde largás y corrés con abastecimiento. Tenés que llevar todo encima: comida, equipo obligatorio y hasta el agua muchas veces la levantábamos de los ríos o lagos”, contó.
Cada competidor debía transportar entre 7 y 10 kilos de equipamiento, que incluía:
Bolsa bivac para emergencias
Ropa térmica
Guantes y gorro
Botiquín completo
vendas y elementos de seguridad
alimentos y suplementos
Además, el recorrido implicó 3.600 metros de desnivel acumulado, lo que obligó a utilizar bastones de trekking para poder avanzar en algunos tramos.
Uno de los aspectos más difíciles de la prueba fue el cansancio extremo, especialmente durante la madrugada y en soledad en la montaña.
“En los ultras siempre dicen que empezás a alucinar cuando estás muy cansado. Yo pensaba que no era para tanto, pero es verdad”, relató.
En uno de los tramos nocturnos creyó ver a otro corredor sentado en el camino.
“Veía un hombre sentado con bastones, pero cuando me acercaba no estaba. Eso significaba que iba caminando dormida”, recordó.
También relató que otros competidores experimentaban situaciones similares.
“Una chica veía casas en el medio de la montaña. Y ahí no había nada”.
El agotamiento incluso provocó que en un momento dejara olvidados sus bastones en un arbusto y debiera retroceder varios metros para recuperarlos.
Tras más de un día de esfuerzo continuo, la llegada fue uno de los momentos más emotivos de la experiencia.
“Entrás por una alfombra roja tocando una campanita y todos empiezan a hacer sonar campanas. Es muy emocionante”, describió.
Los corredores van llegando de forma muy espaciada, por lo que cada arribo se vive como un momento especial.
“Cuando llegué ya había compañeros del equipo que me estaban esperando. Eso fue muy gratificante”, expresó.
Desde el Hernando Running Team, el entrenador Cristian Platini destacó el proceso que permitió alcanzar el objetivo.
Según señaló, el logro no solo está en la carrera sino en el camino previo: “El ejemplo está en el proceso, en cómo se preparó para llegar a esta proeza. Fue una prueba muy difícil, pero salió todo muy bien gracias al tiempo, la dedicación y el compromiso con el entrenamiento”.
A pesar del enorme desgaste físico y emocional, Giraudo ya piensa en nuevos objetivos.
“Si todo acompaña, el año que viene me gustaría ir por los 120 o incluso los 160 kilómetros”, adelantó.
En esta edición también participaron otros integrantes del equipo local:
Silvia Rodríguez (60 km)
Federico Zabala (80 km)
Janet y Jony Stobbia (160 km)
Todos lograron completar el exigente desafío en la montaña patagónica.
Para Giraudo, más allá del resultado, la experiencia deja una enseñanza clara: avanzar paso a paso y valorar cada logro.
“Yo nunca pensaba en lo que me faltaba. Iba agradeciendo por lo que ya había logrado”, concluyó.
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