La directora del CENMA, Carla Irusta, explicó que para comprender el significado de ser una escuela precursora es necesario tener en cuenta las características particulares de la modalidad.
Quienes concurren a estas instituciones tienen trayectorias educativas diversas. Algunos debieron interrumpir sus estudios secundarios en algún momento de sus vidas, mientras que otros no pudieron iniciarlos. Detrás de esas situaciones existen, en muchos casos, contextos familiares, sociales y laborales que condicionaron la continuidad educativa.
Por eso, Irusta sostuvo que el estudiante de la modalidad debe ser considerado como un “sujeto integral”, y que el trabajo docente parte de conocer las características de cada persona que llega a la institución.
La experiencia como escuela precursora implicó, según explicó la directora, un cambio de paradigma en la forma de trabajar del equipo docente, directivo y de toda la comunidad educativa.
La propuesta trabaja con una estructura modular, pero entendida como una forma de organizar contenidos que tengan una unidad de sentido, vinculándolos con las capacidades y características concretas de los estudiantes.
Esto también modificó la manera de planificar. Los docentes trabajan de manera conjunta, intercambian opiniones, analizan y estudian diferentes estrategias para construir propuestas educativas acordes con los grupos.
Irusta destacó especialmente el compromiso del equipo docente, que participa de reuniones y capacitaciones y que, según señaló, mantiene una fuerte presencia y continuidad dentro de la institución.
“Es un reconocimiento a esta labor que implica mucho esfuerzo y compromiso para tratar de brindar lo mejor como escuela”, sostuvo.
La directora también remarcó la necesidad de una actualización docente permanente, teniendo en cuenta los cambios que experimentó la educación en las últimas décadas.
Uno de los aspectos que caracteriza al CENMA es la posibilidad de contemplar las situaciones particulares de sus estudiantes.
Los alumnos suelen combinar el estudio con trabajos, responsabilidades familiares y otras obligaciones. Por eso, la institución busca flexibilizar determinados aspectos, especialmente relacionados con la asistencia, pero sin que esto implique dejar de lado el aprendizaje.
Irusta puso como ejemplo a estudiantes que durante la época de cosecha pueden pasar un período sin concurrir a clases y que luego regresan para ponerse al día.
“Es escuela, hay objetivos, hay metas a alcanzar y tenemos que llegar a eso, pero sí considerando la situación de cada uno”, explicó.
Actualmente, el CENMA Hernando cuenta con aproximadamente 60 estudiantes entre primero, segundo y tercer año. La matrícula suele ser mayor al comenzar el ciclo lectivo y luego se produce un proceso de desgranamiento, aunque después de junio tiende a consolidarse. Desde la institución también realizan un seguimiento de los casos de abandono para conocer sus motivos.
Desde la mirada de los estudiantes, la propuesta también tiene un fuerte componente de acompañamiento.
Gisela Assad, alumna del CENMA, contó que quienes concurren a la institución llegan con diferentes responsabilidades y valoró especialmente la predisposición de los docentes para comprender esas situaciones.
“Todos tenemos algo y siempre hay un profesor que te pregunta cómo estás”, relató.
Assad explicó que durante mucho tiempo tuvo temor de no poder terminar el secundario, pero encontró en el CENMA un espacio donde los docentes la acompañan y ayudan cuando aparecen dificultades.
Por eso, dejó un mensaje para quienes alguna vez abandonaron sus estudios y todavía dudan en retomarlos: “El que dejó, retome”.
La alumna también destacó el vínculo que se genera entre compañeros de diferentes edades y con distintas historias personales.
Irusta lleva 20 años vinculada al CENMA y 17 al frente de la dirección. Desde esa experiencia, sostuvo que la frase “la educación transforma vidas” puede comprobarse en la práctica.
Para la directora, esa transformación no alcanza solamente al estudiante, sino también a su entorno.
En ese sentido, consideró necesario desmitificar la idea de que estudiar en un CENMA significa tener una educación sin exigencias. La institución mantiene objetivos y contenidos que deben ser alcanzados, pero busca generar las condiciones para que cada estudiante pueda hacerlo teniendo en cuenta su realidad.
“Primero recibimos una persona y después recibimos un estudiante”, resumió Irusta.
La distinción como escuela precursora representa así un reconocimiento a un proceso que apunta a combinar acompañamiento, actualización docente, trabajo colectivo, flexibilidad y una propuesta educativa vinculada con las necesidades concretas de los jóvenes y adultos.
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