Hay historias que pertenecen a una ciudad aunque sus últimos
capítulos hayan ocurrido lejos de ella.
La de María Eugenia Irazuzta, conocida como “Ivonne”,
es una de esas historias.
Su vida comenzó en Hernando, donde nació el 24 de
diciembre de 1947. Era la menor de seis hermanos y, según los testimonios
de quienes la conocieron, la única mujer.
El Archivo Provincial de la Memoria de Córdoba registra que
María Eugenia trabajaba en el taller de cerámica familiar, estudiaba en
la Escuela Superior de Idiomas de la Universidad Nacional de Córdoba y militaba
políticamente. (apm.gov.ar)
Ese dato sobre la cerámica puede parecer pequeño frente a
todo lo que ocurrió después, pero permite recuperar una dimensión fundamental
de su vida: antes de ser una estudiante universitaria y antes de convertirse
en víctima del terrorismo de Estado, María Eugenia era una joven de Hernando
que trabajaba junto a su familia.
No se conocen en las fuentes públicas consultadas detalles
suficientes sobre el taller —su ubicación, qué piezas producía o cómo se
desarrollaba exactamente aquella actividad—, por lo que no corresponde agregar
información no comprobada. Pero sí está documentado que formaba parte de su
vida laboral.
Era una joven que trabajaba y estudiaba.
Y tenía proyectos.
DE HERNANDO A LA UNIVERSIDAD
La investigación histórica de la Universidad Nacional de
Córdoba permitió reconstruir con mayor precisión su trayectoria académica.
María Eugenia ingresó al Profesorado de Inglés en 1970
y en noviembre de 1975 figuraba cursando tercer año.
Su legajo universitario fue una de las herramientas
utilizadas décadas después para reconstruir su historia.
La recuperación de esos documentos permitió saber que detrás
de la víctima había una estudiante con una trayectoria concreta dentro de la
Universidad.
En 2022, la Facultad de Lenguas y el Archivo Provincial de
la Memoria homenajearon a seis estudiantes de esa institución víctimas del
terrorismo de Estado.
Entre ellos estaba María Eugenia Irazuzta.
Los otros cinco fueron Zulema Edith Bendersky, Alicia
Raquel D'Ambra, José María Francisco Mariano Pujadas, Jorge Reynaldo Ruartes y
Graciela Haydée Torres.
En Ciudad Universitaria se plantaron seis árboles y se
colocó una placa con sus nombres, como parte de una política de memoria
destinada a recuperar sus historias y sus trayectorias. (apm.gov.ar)
Así, décadas después de su asesinato, el nombre de María
Eugenia volvió a ocupar un lugar en el ámbito donde había estudiado.
IVONNE, LA JOVEN DETRÁS DEL EXPEDIENTE
Los documentos judiciales permiten reconstruir el crimen.
Pero los testimonios de quienes la conocieron permiten
reconstruir a la persona.
Una amiga de juventud, Cristina, recordó a María Eugenia
como una joven sencilla, sensible, interesada por la literatura y apasionada
por los idiomas.
Según ese testimonio, “Ivonne” era el nombre con el que la
llamaban afectuosamente en su familia.
Su padre era de origen vasco y su madre, conocida como Niní,
tenía ascendencia francesa.
Cristina contó que ambas compartieron años de estudio y que
incluso realizaron juntas un viaje a Europa, vinculado también con el interés
de María Eugenia por perfeccionar su inglés.
Al regresar, continuó sus estudios en la Escuela de Lenguas.
Son detalles que permiten verla más allá del expediente.
Una hija. Una hermana. Una amiga. Una estudiante. Una
trabajadora. Una joven que viajaba, estudiaba, leía y tenía sueños.
Después llegaría la militancia.
LA MILITANCIA POLÍTICA
El Archivo Provincial de la Memoria identifica a María
Eugenia como militante de Vanguardia Comunista.
Existen, sin embargo, distintas reconstrucciones sobre su
pertenencia política. Fuentes del Partido Comunista Revolucionario también la
reivindican como militante de esa organización.
Sergio Ortiz, quien había sido secretario político de
Vanguardia Comunista en Córdoba, relató años después que María Eugenia se había
alejado de esa organización en 1974 y que algunos compañeros interpretaron que
podía haberse incorporado al PCR.
Pero Ortiz también contó que su compañero de vida, Alberto
“Cacho” Cacopardo, sostuvo posteriormente que María Eugenia nunca había
pertenecido al PCR y que había continuado militando en Vanguardia Comunista
hasta su detención.
Por eso, para una reconstrucción periodística rigurosa,
corresponde señalar que fue una militante política de izquierda y que su
pertenencia organizativa aparece descripta de manera diferente según las
fuentes.
¿FUE GUERRILLERA?
Tampoco corresponde definirla directamente como
“guerrillera”.
La documentación consultada permite afirmar su militancia
política y existen fuentes partidarias que le atribuyen tareas clandestinas,
pero no encontramos elementos suficientes para afirmar que María Eugenia
fuera una combatiente armada o que hubiera participado personalmente en
acciones guerrilleras.
La precisión es importante porque militancia política
revolucionaria y participación directa en acciones armadas no son
necesariamente la misma cosa.
EL MIMEÓGRAFO Y EL SILENCIO
Dentro de las reconstrucciones realizadas posteriormente por
compañeros de militancia aparece uno de los datos más particulares de la
historia de María Eugenia: el mimeógrafo.
Una publicación del Partido Comunista Revolucionario
sostiene que María Eugenia estaba vinculada a una estructura clandestina y que,
después de ser detenida y sometida a torturas, no reveló dónde se encontraba
un mimeógrafo utilizado por la organización. Según esa reconstrucción, la
máquina continuó funcionando durante años en el mismo lugar. (pcr.org.ar)
El dato debe ser atribuido a esa fuente partidaria y no
presentado como un hecho establecido judicialmente.
Pero ayuda a comprender qué significaba un mimeógrafo en
aquellos años.
Era una máquina que permitía reproducir rápidamente textos,
volantes, boletines y otros materiales escritos. Para una organización que
debía desarrollar parte de su actividad en la clandestinidad, podía ser una
herramienta fundamental para mantener la circulación de información.
Por eso, el relato de sus compañeros sostiene que el
silencio de María Eugenia durante el cautiverio permitió preservar no solamente
un objeto, sino también una estructura clandestina de comunicación.
Es una imagen que atraviesa su historia:
la joven que en Hernando trabajaba con sus manos en un
taller familiar terminó vinculada, según los testimonios de sus compañeros, a
una actividad clandestina en la que una máquina permitía multiplicar palabras.
EL SECUESTRO
El 24 de abril de 1976, apenas un mes después del
golpe de Estado, María Eugenia fue secuestrada en Córdoba.
Fue llevada junto con su pareja y un amigo.
Los tres terminaron en el Departamento 2 de Informaciones
de la Policía de Córdoba, conocido como D2, uno de los principales centros
clandestinos de detención, tortura y exterminio de la provincia.
Allí permaneció cautiva durante varios días.
La documentación sobre el D2 reconstruyó las condiciones de
extrema violencia a las que eran sometidos los detenidos: incomunicación,
privación de libertad, vendajes, esposas y torturas.
María Eugenia tenía entonces 28 años.
SEIS DÍAS DESPUÉS
El 30 de abril de 1976, seis días después de su
secuestro, María Eugenia fue asesinada en dependencias del D2.
Murió junto con Eduardo Daniel Bártoli y Víctor Hugo
Chiavarini.
Durante años, la versión oficial sostuvo que las víctimas
habían muerto en un supuesto intento de fuga.
La investigación judicial y la reconstrucción histórica
posterior determinaron que esa versión había sido utilizada para encubrir las
ejecuciones.
La investigación histórica de la Universidad Nacional de
Córdoba reconstruyó, a partir de distintos testimonios, que las víctimas habían
sufrido torturas y que fueron asesinadas dentro del D2. (editoriales.facultades.unc.edu.ar)
El cuerpo de María Eugenia fue posteriormente recuperado
por su familia, según los registros del Archivo Provincial de la Memoria. (apm.gov.ar)
Tenía 28 años.
ALBERTO “CACHO” CACOPARDO, EL COMPAÑERO QUE SOBREVIVIÓ
La historia de María Eugenia también quedó ligada a la de Alberto
“Cacho” Cacopardo, su compañero de vida.
Cacopardo fue detenido durante la dictadura y permaneció
privado de su libertad hasta 1979.
Años después reconstruyó parte de aquella experiencia en el
libro “Córdoba por asalto, un final que se transforma en principio”,
publicado en 2010.
Su testimonio fue también importante para reconstruir la
militancia de María Eugenia y discutir posteriormente la pertenencia política
de “Ivonne”.
Después de recuperar la libertad, Cacopardo se radicó en Río
Negro y continuó desarrollando actividades vinculadas con la educación y la
militancia sindical.
Décadas después volvió a hablar públicamente de María
Eugenia y de aquellos años.
LAS BORDADORAS: DEVOLVERLE UN ROSTRO A IVONNE
Hay otra historia que ocurre muchos años después.
Una historia que comienza con una aguja, un hilo y el
recuerdo de una amiga.
Cristina, aquella joven que había compartido con María
Eugenia años de amistad y estudios, forma parte de la colectiva “Bordando
luchas de ayer y de hoy”.
El colectivo nació durante la pandemia y transformó el
bordado en una herramienta de memoria, denuncia y encuentro. La experiencia
surgió alrededor de la Casa de la Memoria Imprenta del Pueblo Roberto
Matthews y posteriormente incorporó integrantes de distintos lugares. (cba24n.com.ar)
Las bordadoras trabajan con nombres, rostros e historias.
Y hay una característica especialmente significativa: cada
persona que se borda también es investigada y conocida en profundidad,
porque la intención no es simplemente producir una imagen sino recuperar una
vida. (agenciapacourondo.com.ar)
Cristina decidió bordar a María Eugenia.
Bordó su rostro.
Y recuperó especialmente su sonrisa.
Es un gesto íntimo, pero también profundamente político.
Porque durante décadas María Eugenia había aparecido
principalmente en expedientes, documentos, listas de víctimas y testimonios.
Ahora volvía a aparecer como un rostro.
El rostro de aquella joven que Cristina había conocido.
La sonrisa de una amiga.
Una persona y no solamente una víctima.
DEL MIMEÓGRAFO AL BORDADO
Hay un vínculo simbólico entre dos momentos separados por
medio siglo.
Durante los años 70, según el testimonio partidario, un mimeógrafo
era protegido porque permitía reproducir palabras y mantener la circulación
clandestina de información.
Cincuenta años después, una aguja y un hilo
reproducen el rostro de María Eugenia para que su historia siga circulando.
Una máquina multiplicaba palabras.
Una bordadora multiplica memoria.
Y en ambos casos aparece la misma idea:
que algo no desaparezca.
Que una palabra siga circulando.
Que un rostro siga siendo reconocido.
Que una historia siga siendo contada.
EL CENTRO CULTURAL JUVENIL “IVONNE”
La memoria de María Eugenia tampoco quedó limitada a quienes
la conocieron.
En Agua de Oro funciona el Centro Cultural Juvenil
“Ivonne”, cuyo nombre oficial rinde homenaje a María Eugenia Irazuzta.
El espacio funciona en las instalaciones del Polideportivo
Municipal de Agua de Oro y está orientado a los jóvenes y a la
participación ciudadana.
Allí se desarrollan talleres de murga, percusión, baile y
confección, literatura, lecturas de poesía y actividades relacionadas con la
memoria y los Derechos Humanos.
En agosto de 2024, integrantes del Centro Cultural Juvenil
“Ivonne” participaron de la inauguración del Parque de la Memoria de Agua de
Oro, donde jóvenes del espacio compartieron palabras y poesía. (aguadeoronoticias.com.ar)
Es una de las formas más concretas en que la historia de
María Eugenia llegó a las nuevas generaciones.
Jóvenes que nunca la conocieron llevan hoy su nombre en un
espacio donde se hace música, literatura, arte y participación comunitaria.
LA UNIVERSIDAD TAMBIÉN LA VOLVIÓ A NOMBRAR
La Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba
también recuperó su historia.
Su legajo permitió confirmar que había ingresado al
Profesorado de Inglés en 1970 y que en noviembre de 1975 cursaba tercer
año.
En 2022, la institución la homenajeó junto a otros cinco
estudiantes víctimas del terrorismo de Estado.
Su nombre quedó incorporado a una política institucional de
memoria y reconocimiento.
No solamente se recuerda que fue asesinada.
También se recuerda que fue estudiante.
Que tuvo una carrera.
Que asistía a clases.
Que tenía compañeros.
Que tenía proyectos académicos.
Y que esos proyectos fueron interrumpidos por la violencia
estatal.
DE HERNANDO A CÓRDOBA Y DE CÓRDOBA AL PRESENTE
La historia de María Eugenia puede recorrerse como un
camino.
Hernando.
El nacimiento.
La familia.
Los seis hermanos.
El taller de cerámica.
El trabajo.
La juventud.
Después, Córdoba.
La Universidad.
El Profesorado de Inglés.
Los idiomas.
La literatura.
La militancia.
Después, el D2.
El secuestro.
La tortura.
El asesinato.
Y luego, muchos años después, nuevamente Córdoba.
Los archivos.
Los investigadores.
Los compañeros.
Los amigos.
La Universidad.
Las bordadoras.
Agua de Oro.
Los jóvenes.
La poesía.
La memoria.
UNA VIDA QUE NO PUEDE REDUCIRSE A SU MUERTE
Contar la historia de María Eugenia Irazuzta desde Hernando
implica algo más que recordar que una joven nacida en esta ciudad fue asesinada
durante la dictadura.
Implica recuperar quién era antes de morir.
Era la menor de seis hermanos.
Era parte de una familia vinculada a la cerámica.
Trabajaba.
Estudiaba.
Le interesaban los idiomas y la literatura.
Viajó.
Tuvo amigos.
Tenía una pareja.
Militó políticamente.
Tenía proyectos.
Ingresó a la Universidad en 1970.
En noviembre de 1975 todavía cursaba tercer año.
Y tenía 28 años cuando su vida fue interrumpida.
No fue solamente un nombre en una lista.
Fue María Eugenia.
Fue Ivonne.
Fue una joven de Hernando.
50 AÑOS DESPUÉS
En 2026 se cumplen 50 años de su asesinato.
Medio siglo después, su historia continúa generando nuevas
formas de memoria.
Está en el legajo universitario.
Está en la Facultad de Lenguas.
Está en los árboles plantados en su homenaje.
Está en los archivos de la memoria.
Está en el testimonio de su compañero.
Está en los recuerdos de sus amigos.
Está en el rostro que una bordadora reconstruyó con aguja e
hilo.
Está en el Centro Cultural Juvenil “Ivonne” de Agua de Oro.
Está en la poesía de jóvenes que no llegaron a conocerla.
Y también vuelve a Hernando.
Al lugar donde nació.
Al lugar donde creció.
Al lugar donde trabajó junto a su familia en aquel taller de
cerámica.
Quizás por eso, cincuenta años después, la mejor manera de
recordarla no sea solamente hablar de cómo murió.
Sino volver a preguntarnos quién era.
Y la respuesta está en cada uno de esos fragmentos:
María Eugenia Irazuzta era una joven de Hernando.
Una hija.
Una hermana.
Una trabajadora.
Una estudiante.
Una amiga.
Una mujer interesada por los idiomas y la literatura.
Una militante política.
Una joven de 28 años.
Una vida que la dictadura intentó apagar.
Pero que no consiguió borrar.
Porque mientras alguien pronuncie su nombre, mientras una
bordadora vuelva a dibujar su rostro, mientras un joven participe de un taller
que lleva su nombre, mientras una universidad conserve su legajo y mientras
Hernando recuerde que aquí comenzó su historia,
María Eugenia Irazuzta seguirá presente.
“IVONNE”.
NACIDA EN HERNANDO EL 24 DE DICIEMBRE DE 1947.
SECUESTRADA EL 24 DE ABRIL DE 1976.
ASESINADA EL 30 DE ABRIL DE 1976 EN EL D2 DE CÓRDOBA.
TENÍA 28 AÑOS.
MARÍA EUGENIA IRAZUZTA, PRESENTE.




