Uno de los principales conceptos que plantea Garetto es que la educación canina no debería comenzar recién cuando aparece una dificultad.
Desde el momento en que un cachorro llega a una familia, es importante analizar cómo adaptar el entorno y qué herramientas utilizar para brindarle la mejor calidad de vida posible. Entre las necesidades básicas aparecen las biológicas —alimentación, agua, vacunación y refugio—, pero también las emocionales, sociales y cognitivas.
La especialista remarcó que un perro necesita sentirse seguro, querido y confiado, además de tener contacto con otros animales y con su entorno.
La socialización temprana también ocupa un lugar importante. Garetto explicó que puede comenzar durante los primeros meses, incluso antes de completar el calendario de vacunación, siempre tomando los recaudos necesarios y relacionándolo con perros vacunados y seguros.
Otro de los aspectos que muchas veces pasan inadvertidos es el ambiente en el que vive el animal.
Dónde está ubicada su cama, dónde come, cómo descansa y cuánto tiempo permanece en determinados espacios pueden influir en su comportamiento. Incluso un cambio sencillo, como modificar el lugar de descanso, puede generar una mejora importante en el bienestar del perro.
Tener un patio puede ser beneficioso porque permite que el animal descanse, tome sol, esté en contacto con el pasto y tenga momentos de mayor libertad. Pero eso no reemplaza una necesidad fundamental: el paseo diario.
Garetto explicó que salir no significa solamente gastar energía. El paseo permite fortalecer el vínculo con el tutor, relacionarse con otros perros, olfatear, conocer sonidos y estímulos diferentes y conectarse con el mundo que existe más allá de la casa.
Para la educadora, uno de los errores más frecuentes de los tutores es no saber interpretar correctamente lo que el perro está comunicando.
El animal expresa lo que siente a través de diferentes señales y aprender a reconocerlas permite comprender por qué tiene determinados comportamientos.
“El lenguaje canino para entender qué es lo que el perro está sintiendo”, explicó Garetto, señalándolo como una de las bases del trabajo educativo.
Desde ese punto de partida, el trabajo busca descubrir por qué un perro tiene miedo, ansiedad, dificultades para salir, problemas para colocarse el arnés o determinadas reacciones frente a otros animales.
La propuesta es trabajar desde el respeto y la paciencia, reforzando mediante premios aquellos comportamientos que se quieren repetir. Pueden utilizarse alimentos, caricias o simplemente palabras de reconocimiento.
Durante la entrevista también se habló del caso de Choli, una perra que tenía dificultades para relacionarse con otros animales durante los paseos.
Según explicó Garetto, el problema no era la agresividad sino el miedo. La perra se asustaba y se quedaba paralizada frente a otros perros.
A partir del trabajo basado en la confianza, comenzó a relacionarse progresivamente: puede acercarse, olfatear, intercambiar información y comunicarse con otros animales para luego continuar su paseo con mayor tranquilidad.
El caso sirve para mostrar que detrás de una conducta que para los humanos puede parecer problemática muchas veces existe una emoción que necesita ser comprendida.
Garetto también planteó una cuestión muy habitual entre quienes conviven con animales: la tendencia a considerarlos integrantes de la familia.
Para la educadora, no está mal humanizar a los perros, siempre que se tenga presente que pertenecen a otra especie y, por lo tanto, tienen necesidades y formas de comunicarse diferentes.
La clave está en quererlos y cuidarlos como parte de la familia, pero sin dejar de reconocer aquello que necesitan como perros.
Durante la entrevista apareció también un concepto interesante: la masticación.
Garetto explicó que los perros tienen, por naturaleza, una necesidad de masticar y que ofrecerles actividades adecuadas para hacerlo puede resultar desestresante. En determinados casos, trabajar con este tipo de ejercicios puede ayudar a disminuir la intensidad de algunas conductas.
También recordó que cada caso es particular y que pueden influir factores como la genética, la raza, las experiencias tempranas y las necesidades específicas de cada animal.
Para Garetto, la educación canina no debería ser vista solamente como una herramienta para solucionar problemas. Su principal objetivo es prevenirlos.
Por eso recomienda consultar incluso antes de incorporar un perro a la familia. Conocer sus necesidades, preparar el entorno y aprender a interpretar su lenguaje puede evitar situaciones que después resulten más difíciles de manejar.
Actualmente, además de la educación canina, Garetto ofrece paseos y cuidado a domicilio. Quienes quieran contactarla pueden hacerlo a través de Instagram, en @caninamente.hd, donde también comparte información y responde consultas.
En definitiva, convivir responsablemente con un perro implica mucho más que alimentarlo y darle un techo. También significa aprender a escucharlo, interpretar sus señales, respetar sus tiempos y entender qué necesita para vivir mejor.
Y quizás allí esté una de las claves de una buena convivencia: no intentar que el perro se adapte siempre a nuestro mundo, sino aprender también nosotros a comprender el suyo.
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