Nelson ingresó cuando Coop-Her todavía era una entidad pequeña, con recursos muy limitados y enormes desafíos por delante.
"No había oficina, no había plata. Había que empezar de alguna manera", resume al recordar aquellos años en los que cada avance era fruto del esfuerzo colectivo y del compromiso de dirigentes y empleados que apostaban por un proyecto que recién comenzaba a tomar forma.
En su memoria aparecen nombres propios que fueron fundamentales en aquellos tiempos, como el escribano Mentastti y otros pioneros que respaldaron a la cooperativa cuando todavía era una apuesta cargada de incertidumbre.
Durante la charla, Panero revive una realidad que hoy parece lejana: una ciudad donde la electricidad solo estaba disponible durante determinadas horas del día.
Con la llegada de nuevos motores y el crecimiento de la cooperativa, Hernando comenzó a contar con un servicio eléctrico permanente, un cambio que modificó la vida cotidiana de los vecinos y abrió las puertas al desarrollo.
"Ahí empezaron a tener luz todos los días", recuerda con orgullo, convencido de que la cooperativa fue uno de los motores que impulsaron el crecimiento de la ciudad.
Su primer trabajo fue como cadete.
"Iba al banco en bicicleta", cuenta con naturalidad, evocando una época en la que los recursos eran escasos y cada empleado hacía un poco de todo.
Con el paso de los años fue creciendo dentro de la institución hasta convertirse en gerente, un recorrido que considera fruto del trabajo constante y de la confianza que fueron depositando en él.
"Entré joven y me jubilé ahí. Fueron 44 años", dice con la serenidad de quien siente que cumplió una misión.
Nelson fue testigo de la evolución de Coop-Her.
Cuando ingresó solo se prestaba el servicio de energía eléctrica. Luego llegaron la televisión, nuevas tecnologías, más servicios y una estructura cada vez más compleja.
"Antes era todo distinto. Hoy está informatizado, hay muchísimas más cosas", señala, destacando cómo la institución supo adaptarse a los cambios tecnológicos sin perder su esencia.
Uno de los momentos más emotivos de la entrevista llega cuando habla de su hijo, quien también llegó a desempeñarse como gerente de la cooperativa.
Panero cuenta que, al acercarse su jubilación, pidió al Consejo de Administración que eligiera libremente a su reemplazante.
"No voy a señalar ni a uno ni a otro", les dijo en aquel momento.
Tiempo después, la decisión del Consejo recayó en su hijo, un hecho que recuerda con emoción y humildad, entendiendo que debía ser una decisión institucional y no familiar.
Si tuviera que dejar un mensaje a quienes hoy comienzan a trabajar en Coop-Her, Nelson no duda.
"Siempre les digo que cuiden la cooperativa."
Para él, más allá de la tecnología y de los cambios organizativos, sigue siendo fundamental entender que detrás de cada servicio hay una institución construida por generaciones de vecinos.
La cooperativa no solo le dio un trabajo. Allí construyó su futuro.
Mientras iba todos los días rumbo a su empleo conoció a quien sería su esposa. Formó su familia, vio crecer a sus hijos y acompañó el crecimiento de una institución que hoy es un orgullo para Hernando.
Al despedirse, deja una frase sencilla, pero cargada de sentimiento.
"La pasé muy bien porque me gustaba mucho la cooperativa."
Después de 44 años de trabajo, no hace falta agregar mucho más. En esas pocas palabras queda resumida toda una vida de compromiso, pertenencia y gratitud hacia una institución que, al igual que él, forma parte de la historia grande de Hernando.




