Pero la competencia finalmente no pudo concretarse como estaba previsto. En ese contexto, Omar decidió utilizar parte de ese dinero para comprar herramientas y comenzar a trabajar la madera, inicialmente como un hobby.
“Me incliné por la madera”, contó durante la entrevista con RH1.
Al principio realizó piezas de diferentes tamaños: objetos para asado, tablas y otros elementos de uso cotidiano. Después comenzó a experimentar con la fabricación de juguetes de madera, entre ellos camioncitos y avioncitos.
Su producción empezó a encontrar un espacio en las ferias. Uno de los primeros vínculos comerciales surgió en la Feria de Embalse, donde un comerciante identificado por Omar como Don Ramón se interesó por sus productos y comenzó a comprárselos.
A partir de entonces, la actividad fue creciendo de manera progresiva.
Con el tiempo, Omar fue reduciendo el tamaño de los juguetes y comenzó también a pintarlos, aunque reconoce que personalmente prefiere la madera en su estado natural. Sin embargo, entendió que los colores generan un impacto diferente en los chicos.
La producción artesanal encontró posteriormente un nuevo desafío: la llegada masiva de juguetes importados.
Balagué reconoce que competir con esos productos no es sencillo. Un niño que tiene frente a sí un juguete con luces, sonidos y movimiento puede sentirse más atraído que por un objeto artesanal de madera.
Sin embargo, hay otra mirada: la de los abuelos que recuerdan los juguetes de su infancia y valoran el trabajo artesanal.
Por eso, Omar decidió mantener esta actividad, aunque entendiendo que debe funcionar como un hobby con posibilidades de venta que permita sostenerla.
Sin abandonar los juguetes, Balagué comenzó una nueva etapa de diversificación.
Actualmente está trabajando en lámparas rústicas, veladores y macetas, incorporando también pequeños trabajos con plantas y otros elementos decorativos.
La idea es ampliar la variedad de productos y encontrar nuevos espacios para la producción artesanal.
Incluso, aprovechando la temática del Mundial, realizó un velador que todavía no había puesto a la venta al momento de la entrevista.
La actividad comenzó a tomar una identidad propia bajo el nombre “Pinocho Decó”. Omar trabaja también por encargo, por lo que quienes necesiten determinados objetos o trabajos en madera pueden contactarlo.
Su taller se encuentra en Las Heras 52 y allí continúa armando de a poco un espacio donde conviven la producción artesanal y otros proyectos.
Además, su actividad vinculada a la Asociación Mutual Hernando le permitió encontrar una manera de mostrar sus trabajos. Por las tardes, está autorizado a realizar desde su domicilio la venta de pasajes de los viajes organizados por la mutual, y esa actividad también funciona como una oportunidad para que quienes se acercan puedan conocer sus productos.
La madera terminó convirtiéndose no solamente en una actividad personal sino también en un espacio compartido con su familia.
Durante la entrevista, su hija Josela contó que en algunas ocasiones lo ayuda con los trabajos. Ante la pregunta sobre si le gusta trabajar con madera, respondió afirmativamente.
Así, aquella compra de herramientas que nació a partir de una circunstancia inesperada terminó dando lugar a una actividad que Omar mantiene hasta hoy: una combinación de oficio, creatividad y hobby que busca encontrar su lugar en medio de un mercado dominado por la producción industrial.
Pinocho Decó es, en definitiva, la expresión de esa historia: la de alguien que comenzó trabajando la madera por curiosidad y terminó encontrando allí una nueva forma de crear, producir y compartir su trabajo con la comunidad.




