Su bautismo de fuego ocurrió durante las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807. Allí protagonizó uno de los episodios más recordados de su juventud al participar en la captura de un barco británico que había quedado varado cerca de la costa de Buenos Aires, una acción que sorprendió incluso a sus superiores.
La figura de Güemes alcanzó relevancia nacional durante la Guerra de la Independencia. A diferencia de otros líderes militares de la época, comprendió que las características geográficas del norte argentino exigían una estrategia diferente para enfrentar a las tropas realistas que avanzaban desde el Alto Perú.
Para ello organizó un ejército integrado principalmente por gauchos, campesinos y pobladores de la región. Estos hombres conocían cada sendero, cada quebrada y cada rincón del territorio, lo que les permitía atacar por sorpresa y retirarse rápidamente.
Nació así la llamada "Guerra Gaucha", una estrategia basada en emboscadas, hostigamientos permanentes y desgaste constante del enemigo.
Con recursos limitados, pero con un profundo conocimiento del terreno, los hombres de Güemes lograron contener durante años los intentos de invasión española.
Mientras José de San Martín preparaba el Ejército de los Andes y organizaba la campaña que permitiría liberar Chile y Perú, Güemes cumplía una misión estratégica: impedir que las fuerzas realistas avanzaran desde el norte y amenazaran el corazón de las Provincias Unidas.
La defensa encabezada por el salteño permitió mantener ocupados a miles de soldados españoles y evitó que pudieran concentrarse en otros frentes de batalla.
Por ese motivo, San Martín consideraba a Güemes uno de sus principales aliados. Ambos mantuvieron una estrecha relación política y militar, convencidos de que la independencia sólo podía lograrse mediante una acción coordinada en todo el continente.
En 1815 fue elegido gobernador de Salta, convirtiéndose en el primer mandatario provincial surgido del apoyo popular de los sectores rurales.
Durante su gestión debió enfrentar no sólo las amenazas externas provenientes del ejército español, sino también conflictos internos con sectores de poder que cuestionaban sus políticas y su liderazgo.
A pesar de esas dificultades, continuó organizando la defensa del territorio y fortaleciendo la participación de los gauchos en la vida política y militar de la región.
El 7 de junio de 1821, una partida realista logró infiltrarse en la ciudad de Salta y sorprendió a Güemes, quien resultó gravemente herido por un disparo.
Lejos de rendirse, continuó dirigiendo las operaciones militares mientras era trasladado hacia la zona de Cañada de la Horqueta. Falleció diez días después, el 17 de junio de 1821, a los 36 años.
Su muerte no significó el fin de la resistencia. Los hombres que había formado continuaron la lucha y poco tiempo después lograron expulsar definitivamente a las fuerzas realistas de la región.
Aunque su figura fue admirada en el norte argentino durante generaciones, el reconocimiento nacional tardó en llegar.
Recién en las últimas décadas su papel comenzó a ocupar el lugar que merece dentro de la historia argentina. En 2006 fue declarado Héroe Nacional y desde 2016 el 17 de junio es feriado nacional en conmemoración de su paso a la inmortalidad.
Hoy, Martín Miguel de Güemes es recordado como el líder que organizó la resistencia gaucha, defendió las fronteras del norte y permitió que el proyecto independentista impulsado por San Martín pudiera avanzar. Su legado permanece asociado a valores como el coraje, el compromiso con la patria y la defensa de la soberanía nacional.




