A lo largo de su trayectoria, formó a numerosos profesores que hoy continúan enseñando patín, multiplicando ese legado que no se pierde. Entre sus sueños cumplidos se destaca haber llegado a los Campeonatos Mundiales de 1994 y 1999 como entrenador de una pareja de patinadores de primerísimo nivel.
Quienes estuvieron en el Club Atlético Estudiantes todavía recuerdan aquellas presentaciones que deslumbraban al público, con técnica, estética y emoción. Campeonatos, subcampeonatos y escenarios importantes fueron parte de un camino que siempre tuvo a Eduardo detrás, empujando, acompañando y creyendo.
Pero si algo distinguió a Eduardo Racca fue su mirada humana. Su capacidad de integrar, de ver más allá de lo competitivo. Uno de sus mayores orgullos fue llevar a Vanessa Delcré, una deportista con discapacidad, al podio de campeona argentina, un logro que trascendió lo deportivo y se convirtió en un símbolo de inclusión y superación.
Otro desafío enorme fue acompañar a Jazmín Calderón, una niña no vidente de apenas 7 años, oriunda de Pampayasta. Para Eduardo, el patín no era solo girar o saltar: era soñar, imaginar, sentir que se podía volar. “Un pájaro con patines”, lo definió Celli, reflejando esa forma poética y profunda de entender la actividad física.
Además de profesor y entrenador, Eduardo Racca fue presidente del Club Atlético Estudiantes, y un permanente colaborador de las instituciones locales. Siempre dispuesto a aportar ideas, a dar una mano, a sumar desde el lugar que fuera necesario.
Tenía sensibilidad, empatía y también glamour, cuidaba cada detalle, cada puesta en escena, cada presentación. Por eso dejó una impronta única, una marca registrada que todavía vive en la memoria de quienes lo conocieron y compartieron su camino.
Eduardo Racca falleció el 26 de agosto de 2010, con apenas 50 años, pero en ese tiempo logró construir una obra inmensa. “Nos dejó físicamente, pero nos dejó muchísimo”, resumió José Luis Celli, destacando que hay personas que no se van del todo, porque permanecen en lo que hicieron y en lo que dejaron.
Durante la charla, Celli compartió además un texto escrito en su honor, un poema cargado de imágenes y emoción, donde resume su vida “sobre ocho ruedas pequeñas”, dibujando piruetas en el aire y enseñando con entusiasmo cotidiano, hora a hora, día a día.
El homenaje cerró con un mensaje profundamente humano, en vísperas de las fiestas. Recordar a quienes ya no están, asumir las ausencias, las “sillas vacías”, pero llenarlas con el corazón. Porque, como se dijo al aire, las personas siguen vivas mientras alguien las recuerde con amor.
Eduardo Racca fue eso: pasión, sensibilidad y compromiso. Y en Hernando, su nombre sigue rodando, girando y volando, como aquellos patinadores que él supo enseñar a soñar.




