Carabello contó que la propuesta surgió al identificar problemas en el suelo, entre ellos la falta de nutrientes, la compactación y la dificultad para conservar la humedad. A partir de esa observación, el equipo decidió experimentar con distintas alternativas para comprobar qué podía aportar cada tratamiento.
Para hacerlo, prepararon cuatro parcelas: una quedó como testigo y las otras permitieron comparar diferentes combinaciones con un bioinsumo natural. La idea fue estudiar los resultados por separado y observar qué sucedía cuando ambos componentes se utilizaban en conjunto.
Los estudiantes miden semanalmente la altura de las plantas, observan su color, registran los cambios y realizan análisis del suelo. Los datos se anotan y se convierten en gráficos que permiten comparar la evolución de cada parcela.
Para Zaira, el comienzo no fue sencillo. La experiencia era nueva y el grupo tuvo que aprender sobre la marcha. Con el acompañamiento de la docente, los estudiantes fueron corrigiendo errores y adquiriendo conocimientos sobre el suelo y el trabajo experimental.
La propuesta se convirtió así en una experiencia educativa que va más allá de los contenidos teóricos: aprender a observar, medir, registrar y sacar conclusiones a partir de lo que ocurre en la huerta.
Uno de los aspectos destacados durante la entrevista fue el interés que comenzó a despertar el proyecto fuera de la escuela. Carabello contó que algunos productores se contactaron con el equipo y plantearon la posibilidad de que los estudiantes visiten sus campos para realizar mediciones y observar las condiciones del suelo.
Ese acercamiento representa una oportunidad para vincular el aprendizaje con las necesidades concretas de la producción agropecuaria.
La docente también explicó que la recuperación del suelo requiere tiempo. No se trata de una solución inmediata: el proceso de regeneración puede demandar entre dos y tres años. Por eso, el trabajo apunta a estudiar alternativas que permitan recuperar la vida del suelo mediante recursos naturales y mejorar su capacidad para retener agua.
El biochar, elaborado a partir de residuos orgánicos como restos de poda, y el bioinsumo forman parte de la experiencia. La investigación busca comprobar cómo se complementan y qué resultados pueden ofrecer en las parcelas experimentales.
La iniciativa también se sostiene gracias al acompañamiento de distintas instituciones y personas de la comunidad. Durante la charla, Carabello destacó la colaboración de la Cooperativa Agrícola La Vencedora, que aportó herramientas y materiales para trabajar en la huerta, y del Rotary, que contribuyó con insumos.
También valoró el asesoramiento técnico recibido para organizar las parcelas y definir cómo realizar las comparaciones.
La docente remarcó, además, la importancia del apoyo de los directivos de la escuela, que facilitaron el desarrollo de nuevas propuestas. Según explicó, los estudiantes fueron protagonistas del proceso: participaron de las tareas de la huerta, realizaron las mediciones y sostuvieron el trabajo a lo largo del tiempo.
El proyecto se suma a otras experiencias sustentables de la institución, como la elaboración de productos con plantas aromáticas, la fabricación de tizas con cáscaras de huevo, el desarrollo de bioplásticos y la creación de agendas con hojas nativas.
Durante la entrevista, las representantes del IPEM 116 insistieron en la necesidad de sumar el acompañamiento de la comunidad antes del cierre de la votación, previsto para este viernes 23 de octubre inclusive.
El primer premio contempla la instalación de un sistema solar fotovoltaico para la escuela. Además, el reconocimiento permitiría contar con recursos para continuar desarrollando y estudiando el proyecto.
La iniciativa ya consiguió llegar a una instancia importante y despertó el interés de productores, pero ahora necesita el apoyo de quienes valoran el trabajo educativo, la innovación y el cuidado ambiental.
Para votar por “Suelo Futuro: regenerando la tierra”, se puede ingresar a https://www.lavoz.com.ar/concurso-escuelas-sustentables/ donde está disponible el enlace al concurso y el instructivo para acompañar al proyecto del IPEM 116 Anexo Punta del Agua.
La experiencia demuestra que una propuesta escolar puede convertirse en una investigación concreta, generar vínculos con el sector productivo y abrir nuevas posibilidades para los jóvenes de la comunidad.



