La cosecha gruesa continúa desarrollándose con importantes demoras en la región de Hernando y zonas vecinas. El principal inconveniente sigue siendo el maíz tardío, cuya recolección avanza lentamente debido a que la humedad de los granos permanece por encima de los niveles requeridos para la comercialización.
En diálogo con RH1, el ingeniero agrónomo Sebastián Acosta explicó que la soja ya se encuentra prácticamente finalizada en la región, mientras que el maíz temprano también fue cosechado casi en su totalidad. Sin embargo, el panorama cambia con los maíces sembrados en diciembre.
"Para que el maíz se considere seco debe tener un 14,5% de humedad y hoy todavía encontramos lotes con 15, 15,5 y hasta 16,5%. Falta uno o dos puntos para poder terminar la trilla", señaló.
Acosta estimó que únicamente se levantó alrededor del 30 al 35% del maíz tardío, por lo que aún permanece en pie entre el 60 y el 70% de la superficie implantada.
La prolongación de la cosecha comienza a generar preocupación porque las plantas ya tienen alrededor de siete meses y aumentan los riesgos de vuelco por deterioro de las cañas, especialmente cuando comiencen los vientos característicos de fines de julio y agosto.
Aunque se observan camiones estacionados en cooperativas y plantas de acopio, aclaró que la actividad en los lotes todavía está muy por debajo de lo habitual para esta época del año.
Respecto de la soja, el ingeniero indicó que la campaña dejó resultados satisfactorios, aunque con marcadas diferencias según la zona.
En el área comprendida por Hernando, Pampayasta, Oliva, Arroyo Cabral, Pasco y Ticino, los rendimientos promedio oscilaron entre 25 y 35 quintales por hectárea. En cambio, hacia General Deheza, General Cabrera, Las Perdices, Punta del Agua y Las Isletillas se registraron promedios superiores a los 40 quintales e incluso algunos lotes alcanzaron los 50.
En cuanto a la comercialización, explicó que la situación también varía según cada productor. En las zonas con mejores rendimientos se observa una mayor utilización de silobolsas para conservar parte de la producción, mientras que en sectores más castigados gran parte de la cosecha ya fue comercializada para afrontar los costos de la campaña.
Acosta consideró que este año volvió a crecer el interés por el trigo, impulsado por las buenas condiciones de humedad del suelo.
Precisó que normalmente en la región el cereal ocupa entre el 5 y el 15% de la superficie agrícola, mientras que en esta campaña la intención de siembra se ubica cerca del límite superior de ese rango.
Maní con resultados muy variables
La campaña de maní mostró un comportamiento muy heterogéneo.
Según explicó, hubo lotes que rindieron apenas entre 25 y 30 quintales por hectárea, mientras que otros alcanzaron los 50 quintales, incluso dentro de una misma zona productiva.
Atribuyó esas diferencias principalmente al manejo realizado en cada lote, especialmente en materia de rotaciones y control de malezas.
Otro de los temas abordados fue el mercado de alquileres rurales.
Acosta indicó que muchos propietarios pretenden contratos equivalentes a 14 o 15 quintales de soja por hectárea, aunque reconoció que los números actuales del negocio hacen difícil afrontar esos valores.
Explicó que una soja implantada sobre un campo alquilado en 10 quintales necesita producir unos 25 quintales por hectárea solamente para cubrir los costos, por lo que alquileres superiores elevan considerablemente el riesgo económico.
En los contratos que incluyen rotaciones con maní, los valores suelen ubicarse entre 13 y 14 quintales, aunque existen operaciones puntuales por cifras superiores.
Pensando en la próxima campaña, el ingeniero sostuvo que existe optimismo por los pronósticos que anticipan la posible instalación de un evento Niño durante la primavera.
No obstante, aclaró que la decisión de avanzar con una mayor superficie de maíz temprano dependerá de que lleguen lluvias importantes entre fines de agosto y principios de septiembre.
En cuanto al mercado, Acosta señaló que la soja se mantiene entre 320 y 330 dólares por tonelada, el maíz ronda los 180 dólares y el maní continúa cotizando alrededor de 65 dólares por quintal.
Sin embargo, advirtió que el verdadero problema no pasa por el precio internacional de los granos sino por el fuerte incremento de los costos internos.
Como ejemplo, indicó que transportar una tonelada de cereal hasta Rosario cuesta actualmente cerca de 50.000 pesos, un valor que reduce considerablemente la rentabilidad del productor.
"Los precios no son malos; lo que están caros son los servicios. Con un dólar prácticamente estable y costos que siguen aumentando, la ecuación económica se vuelve cada vez más ajustada para el sector", concluyó.




