Punta del Agua es una de las localidades más antiguas de Córdoba.
La historia de la comunidad se remonta al 27 de mayo de 1689, cuando se produjo una de las primeras concesiones de tierras vinculadas con el lugar. Con el paso del tiempo, esas tierras quedaron relacionadas con la familia Vásquez, que tuvo un papel fundamental en la conformación de la población.
En 2026, Punta del Agua conmemoró sus 337 años de historia, una trayectoria marcada por su ubicación estratégica y por el paso de personas y acontecimientos que forman parte de la historia provincial y nacional.
El pueblo se encontraba sobre el antiguo Camino Real, una de las grandes vías de comunicación de aquellos tiempos.
Por allí pasaron viajeros, comerciantes, militares y funcionarios. Punta del Agua se convirtió en una posta para quienes transitaban por ese camino y fue adquiriendo una importancia que hoy puede resultar difícil de imaginar al observar su actual dimensión.
RH1 reconstruyó en distintas publicaciones esa historia y también recuperó las referencias que vinculan al lugar con el paso del general José de San Martín.
Pero junto con el camino y la posta apareció otro elemento que terminaría convirtiéndose en el corazón de la comunidad: la Virgen del Rosario.
En 2025, Punta del Agua vivió una celebración especialmente significativa: se cumplieron 300 años de la llegada de la imagen de Nuestra Señora del Rosario.
La imagen, de origen español y de unos 73 centímetros de altura, tiene características particulares. Se trata de una imagen articulada que, durante generaciones, fue venerada por los habitantes de la zona.
Su presencia está ligada a la antigua capilla y a los primeros tiempos de la población.
Las referencias históricas recogidas por RH1 señalan a la familia Vásquez como protagonista de la construcción de aquella primera capilla dedicada a la Virgen del Rosario.
Existen diferencias entre las fuentes respecto del año exacto de construcción —algunas referencias señalan 1729 y otras ubican la obra algunos años después—, pero todas coinciden en un punto central: la capilla y la imagen de la Virgen forman parte de los orígenes de Punta del Agua.
Alrededor de la imagen nació también una de las historias más conocidas de Punta del Agua.
La tradición cuenta que, en tiempos en que los malones constituían una amenaza para las poblaciones de la región, la imagen de la Virgen desaparecía de la capilla.
Luego volvía a aparecer.
Y, según el relato transmitido de generación en generación, su manto aparecía cubierto de abrojos, rosetas o espinas.
La comunidad interpretó aquellos episodios como una señal de que la Virgen había salido a proteger al pueblo.
Más allá de la interpretación religiosa o histórica que pueda hacerse de estos relatos, forman parte de la memoria oral de Punta del Agua y fueron conservados durante generaciones.
Es una de esas historias en las que se mezclan la fe, la tradición y la identidad de una comunidad.
Aquella primera capilla ya no existe.
El paso del tiempo y el deterioro obligaron a demolerla, pero el lugar mantuvo su carácter religioso.
El templo actual comenzó a construirse en el mismo sector y fue inaugurado el 17 de noviembre de 1937.
También el espacio que hoy ocupa la plaza guarda parte de esa historia: antiguamente allí funcionaba el cementerio del pueblo.
Así, prácticamente cada rincón del centro de Punta del Agua remite a una historia que comenzó hace cientos de años.
La devoción a la Virgen del Rosario también se alimentó de numerosos testimonios de vecinos y peregrinos que aseguran haber recibido favores o ayudas.
RH1 recuperó en diferentes oportunidades esos relatos.
Uno de ellos cuenta la historia de una niña de tres años de Las Perdices que se había perdido y fue encontrada en inmediaciones del ingreso a Punta del Agua.
Según el testimonio difundido, cuando la pequeña observó la imagen de la Virgen reconoció en ella a “la señora con un bebé que la había ayudado”.
A partir de aquel episodio surgieron incluso peregrinaciones entre Las Perdices y Punta del Agua.
Son historias que, independientemente de la interpretación que cada persona haga de ellas, ayudan a explicar por qué la devoción trascendió las fronteras de la propia localidad.
La devoción no se concentra únicamente en la celebración patronal.
Una de las tradiciones que se mantiene es la de la Virgen Peregrina, una réplica de la imagen que visita los hogares de la comunidad.
La Virgen va de casa en casa y mantiene viva una tradición que permite que la patrona esté presente también en la vida cotidiana de las familias.
Es otra expresión de una relación que no se limita al templo.
Con el paso de los siglos, Punta del Agua fue perdiendo aquella importancia que tuvo como posta del Camino Real.
La población también se redujo considerablemente.
Pero la comunidad conserva una identidad que aparece una y otra vez en los testimonios de sus habitantes: la historia, la sencillez y la fe.
En una de las publicaciones recientes de RH1, la presidenta comunal Emilia Rodríguez definió a Punta del Agua como “un pueblo pequeño, pero con sueños grandes”, y destacó la importancia que tiene la fe y la devoción a la Virgen del Rosario para sus habitantes.
Es precisamente esa identidad la que vuelve a ponerse de manifiesto cada año en las fiestas patronales.
El mal tiempo obligó a cambiar el día, pero no la celebración.
La misa patronal, que debía realizarse este miércoles 7 de octubre, se llevará a cabo este jueves 8, a las 16.
Luego, la comunidad volverá a acompañar a la imagen de Nuestra Señora del Rosario en la tradicional celebración.
Y cuando la Virgen vuelva a salir del templo, no será solamente una imagen religiosa recorriendo las calles.
Con ella volverán también los relatos de los primeros pobladores, la antigua capilla, el Camino Real, los viajeros, las historias de los malones, las familias que sostuvieron la devoción y las generaciones que encontraron en ella un punto de encuentro.
Porque en Punta del Agua la Virgen del Rosario no es solamente la patrona. Es parte de la historia del pueblo.
Una historia que comenzó hace más de tres siglos y que, aun cuando el clima obligue a cambiar el calendario, continúa viva cada 7 de octubre —y este año, excepcionalmente, el jueves 8— en la memoria y en la fe de su gente.


