Hay obras que mejoran un camino.
Y hay otras que cambian lo que ocurre alrededor de ese camino.
La intervención realizada sobre el Camino S-246, en la zona rural de Ojo de Agua, pertenece a esta segunda categoría.
El Consorcio Caminero N° 83 de Hernando llevó adelante trabajos de levantamiento y enarenado que permitieron recuperar y poner en valor la traza, extendiendo la transitabilidad hasta la Escuela Rural Narciso Laprida.
Pero el proyecto va bastante más allá de mejorar una superficie de circulación.
La obra incorpora también una estrategia de retención de excedentes hídricos, particularmente de los aportes provenientes de Hernando y de la zona noroeste de Ojo de Agua.
Y allí está uno de los aspectos más importantes de la intervención: el camino deja de ser pensado solamente como una vía de circulación y pasa a formar parte de una obra integral de infraestructura rural.
El antecedente es significativo.
En mayo de 2025, el presidente del Consorcio Caminero de Hernando, Henry Pelassa, había explicado a RH1 que se estaba trabajando en la recuperación de la zona conocida como Pata de Palo, en inmediaciones de Ojo de Agua.
En ese momento señaló que se estaba recuperando un camino que llevaba aproximadamente 40 años inutilizado y que la obra permitiría recuperar el acceso a la Escuela Narciso Laprida.
La recuperación de esa traza representa entonces mucho más que algunos kilómetros de camino en mejores condiciones.
Significa volver a conectar un sector rural que había quedado condicionado durante décadas.
Y significa también recuperar una vía de acceso para una institución educativa que continúa sosteniendo la presencia de la escuela en el campo.
La Escuela Narciso Laprida está ubicada en Campo Ojo de Agua, en jurisdicción rural de Hernando, aproximadamente a 15 kilómetros al este de la ciudad.
La institución comenzó a funcionar en septiembre de 1947 y en 2022 celebró sus 75 años de trayectoria. RH1 acompañó aquella celebración y reflejó la importancia de la escuela como uno de los espacios de referencia de la ruralidad de la zona.
Pero la continuidad de una escuela rural depende también de las condiciones que existen alrededor.
En marzo de 2025, RH1 entrevistó a su directora, Sonia Rodríguez, quien contó que la institución comenzaba el ciclo lectivo con cuatro alumnos y que era una de las pocas escuelas rurales que permanecían abiertas en ese sector.
Por eso, recuperar el acceso a la escuela tiene una dimensión que no aparece en los metros cúbicos de tierra movidos ni en las toneladas de material utilizadas.
Es garantizar que docentes, alumnos y familias puedan llegar.
La obra tiene otro componente fundamental.
La zona de Ojo de Agua forma parte de una problemática hídrica que durante los últimos años obligó a pensar soluciones que vayan más allá de la reparación de caminos.
Los excedentes que llegan desde Hernando y desde sectores ubicados al noroeste de Ojo de Agua pueden afectar tanto los campos como las trazas rurales.
Por eso, junto con la recuperación del S-246, se incorporaron espacios destinados a la retención de agua.
La idea es sencilla, pero estratégica: retener los excedentes antes de que lleguen con toda su fuerza a los sectores bajos y a los caminos.
En mayo de 2025, Pelassa ya había explicado a RH1 que en el sector de Pata de Palo se estaban construyendo lagunas de contención para evitar que el agua que sale de Hernando hacia el este genere problemas tanto en los caminos como en los campos.
La obra actual profundiza aquella estrategia.
El proyecto también tiene un antecedente económico importante.
En 2025, dentro de los programas de Conservación de Suelos y Gestión Integrada de Cuencas, la Provincia otorgó $330 millones al Consorcio Caminero Regional N° 14 para obras de regulación hídrica en la cuenca Tegua-Chazón.
El aporte estaba destinado a intervenciones que, además de mejorar la gestión del agua, tenían incidencia sobre la transitabilidad del Camino S-246 y la zona rural de Hernando.
Es decir que el trabajo que hoy muestra el Consorcio Caminero N° 83 tiene detrás un proceso que comenzó con el diagnóstico de una problemática concreta: el agua y el deterioro de la infraestructura rural están directamente relacionados.
El concepto que aparece en el nuevo material difundido por el Consorcio Caminero es particularmente significativo: “espacios de defensa” frente a los excedentes hídricos.
La expresión resume una nueva forma de pensar la infraestructura rural.
No se trata solamente de levantar el camino para que no se corte.
Se trata de generar las condiciones para que el agua pueda ser retenida, ordenada y conducida antes de afectar la circulación.
Por eso, el S-246 incorpora una función que excede lo vial.
Es camino, pero también es parte del sistema de manejo hídrico de la zona.
El otro componente central es productivo.
Ojo de Agua es una zona rural vinculada con la actividad agropecuaria y, como ocurre en todo el interior productivo, el camino es una pieza fundamental de la cadena.
Por allí deben ingresar máquinas, insumos y trabajadores.
Y por allí debe salir la producción.
Una interrupción del camino no significa simplemente que alguien tenga que esperar unas horas.
Puede significar más kilómetros, mayor consumo de combustible, demoras, dificultades para sacar una cosecha o ingresar con maquinaria y hasta imposibilidad de acceder a un establecimiento.
De allí la frase que resume el proyecto:
“Sin caminos, la producción no puede salir de los campos”.
La recuperación del S-246 también genera una nueva conexión.
El acceso hasta la Narciso Laprida se convierte en un punto de intersección con otros caminos rurales, ampliando las posibilidades de circulación dentro de la zona.
Eso permite pensar la obra como la construcción de un nuevo corredor rural.
Un corredor que conecta establecimientos productivos, la escuela y otras trazas de la red caminera.
Pero además, según el material difundido por el Consorcio, se incorpora una dimensión ambiental: la intervención permite generar un corredor de biodiversidad.
Así, una obra que comienza como recuperación de un camino termina articulando cuatro dimensiones:
producción, infraestructura, ambiente y educación.
Hay un elemento que quizás sea el más importante y el menos visible.
La recuperación del S-246 contribuye a sostener la presencia de personas en el campo.
Una escuela rural abierta necesita alumnos.
Los alumnos necesitan poder llegar.
Los docentes necesitan poder trasladarse.
Las familias necesitan caminos transitables.
Y los productores necesitan sacar su producción.
Todo forma parte de la misma trama.
Por eso, cuando se recupera un camino que llevaba décadas sin funcionar, no solamente se está recuperando una traza.
Se está recuperando una posibilidad de permanecer.
El proceso que comenzó en el sector de Pata de Palo, con la recuperación de una traza prácticamente perdida, desemboca ahora en una obra de mayor alcance sobre el S-246.
Y el antecedente de las lagunas de contención demuestra que la planificación no comenzó con el camino.
Comenzó con una pregunta más amplia:
¿Qué hacer con el agua que llega desde Hernando hacia Ojo de Agua?
La respuesta fue combinar obras hidráulicas con infraestructura vial.
El resultado es una intervención que busca que el agua tenga dónde quedarse, que el camino tenga dónde apoyarse y que las personas tengan por dónde circular.
La imagen final de esta obra no es una máquina vial.
Es una escuela.
La Narciso Laprida representa desde hace casi ocho décadas la presencia de la educación en este sector rural de Hernando.
La institución celebró sus 75 años en 2022 y continúa funcionando, aun en un contexto en el que muchas escuelas rurales fueron cerrando por falta de matrícula.
Por eso, que el Camino S-246 llegue hasta su puerta tiene un valor que excede cualquier cálculo económico.
Es una manera concreta de decir que la ruralidad también necesita infraestructura para seguir existiendo.
El Camino S-246 muestra cómo una obra rural puede producir efectos en cadena.
Mejora la circulación.
Permite sacar la producción.
Ordena el agua.
Protege caminos y campos.
Genera nuevas conexiones rurales.
Favorece la biodiversidad.
Y garantiza el acceso a una escuela.
Por eso, el concepto con el que el Consorcio Caminero N° 83 presenta la obra adquiere particular sentido:
el S-246 es mucho más que una obra vial.
Es una infraestructura pensada para conectar el presente con el futuro de una zona rural que necesita producir, educar, cuidar el ambiente y, fundamentalmente, seguir conectada.




