Uno de los factores principales que explica esta variabilidad climática es la alternancia entre los fenómenos El Niño y La Niña, que influyen directamente en la circulación atmosférica global.
“Estamos pasando de un evento Niño a un evento Niña sin períodos neutrales en el medio. Es como una pecera que uno sacude y el agua queda toda mezclada”, graficó.
El especialista indicó que esta dinámica genera cambios bruscos entre extremos climáticos.
“Pasamos muy rápido de excesos de lluvias a sequías prolongadas. Eso es lo que estamos viendo en los últimos años”, explicó.
En relación con la campaña actual, De Benedictis destacó que la región tuvo un comportamiento climático favorable, especialmente en comparación con otras zonas del país.
“La zona tuvo un invierno extraordinario y las lluvias llegaron en momentos clave. Mientras que en otras regiones, como Santa Fe o el norte de Buenos Aires, enero fue muy complicado, aquí las precipitaciones fueron muy positivas”, afirmó.
Esto permitió mantener buenas condiciones de humedad en los suelos, algo que favoreció el desarrollo de los cultivos.
Actualmente, según indicó, la principal preocupación de los productores está más vinculada a la logística de cosecha que a la falta de agua.
De Benedictis respondió también a dos de las principales inquietudes del sector productivo en esta etapa del año: la posibilidad de heladas tempranas y la ocurrencia de tormentas severas.
En cuanto a las heladas, el panorama es relativamente tranquilizador.
“La probabilidad de tener una helada temprana es baja. La presencia de humedad y la frecuencia de lluvias hacen que se retrase ese escenario”, explicó.
Según estimó, los primeros eventos de heladas podrían aparecer recién hacia fines de abril, dentro de lo que sería un período normal para esta región.
En cambio, el riesgo de tormentas fuertes sigue vigente.
“Todavía pueden darse tormentas intensas en lo que queda de marzo y durante la primera quincena de abril. Tenemos mucho contraste térmico y eso puede generar eventos importantes”, advirtió.
Respecto al invierno que se aproxima, el meteorólogo anticipó que no se espera una repetición del escenario del año pasado, que fue excepcionalmente húmedo.
“Un invierno como el anterior es muy difícil que se repita. Fue un evento extraordinario desde el punto de vista climático”, explicó.
Sin embargo, sí se prevé una temporada con cierta presencia de humedad.
“Podríamos tener un invierno relativamente húmedo, pero no con grandes lluvias. Más bien con neblinas, nubosidad, lloviznas y humedad persistente”, detalló.
Estas condiciones podrían moderar las temperaturas.
“Al tener más humedad, los descensos térmicos suelen ser menos intensos, por lo que el invierno podría ser más moderado”, indicó.
Finalmente, De Benedictis se refirió a la dificultad que implica hoy realizar pronósticos climáticos, especialmente en un contexto de tanta variabilidad.
“El productor muchas veces quiere saber exactamente cuántos milímetros van a caer, pero eso es algo que no podemos asegurar”, señaló.
Por ese motivo, explicó que el trabajo meteorológico se basa en el análisis de escenarios probables, más que en predicciones exactas.
“Nosotros no buscamos exactitud, buscamos precisión. Tratamos de identificar escenarios posibles: si será más húmedo, más seco o si existe riesgo de heladas. Esa es la herramienta que le sirve al productor para tomar decisiones”, concluyó.
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