En la mañana de RH1, la radio se detuvo para recordar, sentir y homenajear a una de esas personas que no pasan por la vida sin dejar huella. José Luis Celli puso en palabras la historia, la pasión y el legado de Alfredo Eduardo “Eduardo” Racca, un nombre profundamente ligado al patín artístico, a la docencia, a la inclusión y al compromiso con las instituciones de Hernando. Eduardo Racca fue, ante todo, un enamorado del patín. No solo lo practicó y lo enseñó, sino que lo convirtió en su forma de vida. Desde muy joven tuvo claro su camino: ser profesor de patín, vocación que lo llevó a dar clases en seis escuelas, a convertirse en director técnico provincial y, más tarde, a alcanzar uno de los máximos logros de su carrera: ser técnico nacional a los 50 años. En 2008, representando a la provincia de Córdoba en Mendoza, entre 390 directores técnicos, obtuvo el tercer puesto a nivel nacional, una distinción que confirmó lo que quienes lo conocían ya sabían: Eduardo tenía talento, sensibilidad y una manera única de entender el deporte. EN LA AMPLIACIÓN, EL DESARROLLO. EN AUDIOS, EL ESPACIO ESPECIAL
A lo largo de su trayectoria, formó a numerosos profesores que hoy continúan enseñando patín, multiplicando ese legado que no se pierde. Entre sus sueños cumplidos se destaca haber llegado a los Campeonatos Mundiales de 1994 y 1999 como entrenador de una pareja de patinadores de primerísimo nivel.
Quienes estuvieron en el Club Atlético Estudiantes todavía recuerdan aquellas presentaciones que deslumbraban al público, con técnica, estética y emoción. Campeonatos, subcampeonatos y escenarios importantes fueron parte de un camino que siempre tuvo a Eduardo detrás, empujando, acompañando y creyendo.
Pero si algo distinguió a Eduardo Racca fue su mirada humana. Su capacidad de integrar, de ver más allá de lo competitivo. Uno de sus mayores orgullos fue llevar a Vanessa Delcré, una deportista con discapacidad, al podio de campeona argentina, un logro que trascendió lo deportivo y se convirtió en un símbolo de inclusión y superación.
Otro desafío enorme fue acompañar a Jazmín Calderón, una niña no vidente de apenas 7 años, oriunda de Pampayasta. Para Eduardo, el patín no era solo girar o saltar: era soñar, imaginar, sentir que se podía volar. “Un pájaro con patines”, lo definió Celli, reflejando esa forma poética y profunda de entender la actividad física.
Además de profesor y entrenador, Eduardo Racca fue presidente del Club Atlético Estudiantes, y un permanente colaborador de las instituciones locales. Siempre dispuesto a aportar ideas, a dar una mano, a sumar desde el lugar que fuera necesario.
Tenía sensibilidad, empatía y también glamour, cuidaba cada detalle, cada puesta en escena, cada presentación. Por eso dejó una impronta única, una marca registrada que todavía vive en la memoria de quienes lo conocieron y compartieron su camino.
Eduardo Racca falleció el 26 de agosto de 2010, con apenas 50 años, pero en ese tiempo logró construir una obra inmensa. “Nos dejó físicamente, pero nos dejó muchísimo”, resumió José Luis Celli, destacando que hay personas que no se van del todo, porque permanecen en lo que hicieron y en lo que dejaron.
Durante la charla, Celli compartió además un texto escrito en su honor, un poema cargado de imágenes y emoción, donde resume su vida “sobre ocho ruedas pequeñas”, dibujando piruetas en el aire y enseñando con entusiasmo cotidiano, hora a hora, día a día.
El homenaje cerró con un mensaje profundamente humano, en vísperas de las fiestas. Recordar a quienes ya no están, asumir las ausencias, las “sillas vacías”, pero llenarlas con el corazón. Porque, como se dijo al aire, las personas siguen vivas mientras alguien las recuerde con amor.
Eduardo Racca fue eso: pasión, sensibilidad y compromiso. Y en Hernando, su nombre sigue rodando, girando y volando, como aquellos patinadores que él supo enseñar a soñar.
Hablar de Hernando es hablar de una comunidad que nació del esfuerzo de pioneros, del crecimiento agrícola y de la llegada del ferrocarril, convirtiéndose con el paso de los años en una de las ciudades más importantes del departamento Tercero Arriba y en la reconocida Capital Nacional del Maní. Mucho antes de la fundación oficial del pueblo, estas tierras eran conocidas como “Pujio y Choé”, expresión de origen quechua que hace referencia a un “pastizal con manantial”. En 1679, el lugar fue concedido al sargento Bartolomé Rodríguez, quien había participado en campañas militares contra pueblos originarios y recibió estas tierras como merced. Las abundantes aguadas y lagunas naturales favorecieron el desarrollo ganadero y el asentamiento de los primeros pobladores. Con el correr de los años, comenzaron a llegar inmigrantes italianos, españoles, árabes, franceses y libaneses, quienes aportaron trabajo, cultura y crecimiento a toda la región. Uno de los momentos decisivos para el nacimiento del pueblo ocurrió en 1910, cuando los hermanos Villanueva adquirieron estas tierras y donaron un espacio para la construcción de una estación ferroviaria llamada inicialmente “Los Choclos”. Un año después, Juan José y Bernardo Villanueva trazaron el plano del futuro poblado y decidieron cambiar el nombre por el de “Hernando”. Finalmente, el 24 de mayo de 1912 quedó formalmente constituido el asentamiento con la entrega de terrenos a las primeras doce familias. Esa fecha es considerada oficialmente como la fundación de la ciudad.
Este lunes 11 de mayo se conmemoró en todo el país el Día del Himno Nacional Argentino, una de las fechas patrias más significativas vinculadas a los símbolos que representan la identidad y la historia nacional. La jornada recuerda la aprobación oficial de la canción patria por parte de la Asamblea General Constituyente de 1813, acontecimiento ocurrido el 11 de mayo de aquel año, en plena etapa de lucha por la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. La letra del Himno fue escrita por Vicente López y Planes, mientras que la música estuvo a cargo de Blas Parera, un músico español radicado en Buenos Aires. Originalmente, la composición fue denominada “Marcha Patriótica” y luego pasó a llamarse “Canción Patriótica Nacional”, hasta adoptar finalmente el nombre de Himno Nacional Argentino.
Tiene 450 años, consta de 60 folios y fue escrito apenas unos meses después de que Jerónimo Luis de Cabrera fundara la ciudad de Córdoba. Es el registro de la muerte de Blas de Rosales, un español que llegó con la expedición colonizadora y no volvió a ver Europa. Hoy ese papel frágil, con una caligrafía que nadie practica, descansa en uno de los depósitos climatizados del Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba (AHPC). Allí lo cuidan, conservan y ponen a disposición de investigadores, docentes y público en general. En esencia, esto es lo que realiza el AHPC: una tarea silenciosa y cotidiana contra el tiempo, a cargo de un equipo de archivistas, conservadores y técnicos que este año celebran los 85 años de la institución fundada en 1941.
A través del recuerdo, la palabra y la historia compartida, el escritor José Luis Celli volvió a poner en valor la figura de Don Luis Pablo González, uno de esos hombres que hicieron grande a Hernando desde el trabajo silencioso, el compromiso social y la cercanía cotidiana. Librero, dirigente, político y protagonista de momentos fundacionales de la ciudad, Don Luis dejó una huella que aún late en la memoria colectiva. Durante la entrevista, José Luis Celli repasó la vida de Don Luis Pablo González, nacido el 22 de mayo de 1927, hijo de Don Luis Pablo González y Doña Dominga Salvaño, y heredero de una tradición familiar ligada a la cultura, la información y el encuentro ciudadano. Su nombre quedó para siempre asociado a Casa Luisito, aquel espacio que durante décadas fue punto de referencia obligado para lectores, estudiantes y curiosos y que en 2028 hubiera cumplido 100 años de existencia. EN LA AMPLIACIÓN, MÁS DETALLES. EN AUDIOS, EL ESPACIO.
En una edición especial del tradicional espacio de los viernes, este 10 de diciembre el escritor José Luis Celli visitó los estudios de RH1 para repasar la historia del mástil mayor de Plaza San Martín, un símbolo profundamente arraigado en la identidad de Hernando. Celli recordó que entre 1922 y 1934 la plaza mantuvo prácticamente el mismo diseño, sin grandes modificaciones. La idea del mástil comenzó a tomar forma junto a un grupo de vecinos que iniciaron el proyecto que años más tarde se transformaría en una de las postales más queridas del centro de la ciudad. La iniciativa fue avanzando entre reuniones, acuerdos y gestiones. Finalmente, el diseño técnico llegó de la mano del ingeniero Migone, mientras que la construcción estuvo a cargo del Natalio Imberti. También participó activamente el Grupo de Reservistas General Pueyrredón, que colaboró para que el proyecto pudiera concretarse. EN LA AMPLIACIÓN, MÁS DETALLES. EN AUDIOS, EL ESPACIO CON JOSÉ LUIS CELLI